Tomasito y el síndrome de Guillain-Barré

Dicen que las pruebas más difíciles son aquellas que mayor satisfacción y aprendizaje dejan al superarlas. Sin duda, la que enfrenta Tomás Everardo Aragón Antonio, Tomasito, será una de éstas, pues además de ser un caso peculiar, su padecimiento se da en medio de la contingencia por la pandemia.

Los padres de Tomás, Alberto Aragón, de 40 años, y Amelia Candelaria Antonio Navarro, de 33, reflejan en su mirada una tristeza y un cansancio propios de quienes a pesar de lo adverso de la situación, harían lo que sea por su hijo, sobre todo si padece un mal peculiar que, según las estadísticas, sólo presenta uno de cada 150 mil niños: el síndrome de Guillain-Barré.

Aficionado de los Pumas y deportista nato, Tomasito comenzó, según su padre, con algunos síntomas que de inmediato hicieron saltar las alarmas.

“Empezó primero con dolor de cabeza, lo llevamos a un médico general y le puso medicamento para el dolor de cabeza y vómito que tenía, ya de ahí en la noche volvió otra vez con dolor de cabeza muy fuerte y así, no se le quitaba”, contó el señor Aragón. 

“Lo volvimos a internar en una clínica con el médico general y al parecer ya había salido y luego otra vez. Cambiamos de médico y tampoco le encontró hasta que nos recomendaron un neurólogo y fuimos allá y él fue quien más o menos dijo que era ese caso, pero que no podía diagnosticar hasta que estuvieran los estudios. Fuimos a otro laboratorio, le hicieron los estudios y efectivamente era eso”, explicó.

Un cambio tan drástico en un niño que es conocido en el pueblo por andar de aquí para allá, haciendo deporte o visitando a sus abuelos, se nota; el dolor y la tristeza se respiran en el pueblo y más aún en el seno familiar.

“Él es un niño muy sano, muy fuerte, él estaba en un club de voleibol, un club de futbol, los domingos tenía una liguita de basquetbol, o sea, hacía mucho ejercicio. Siempre había sido un niño muy sano”, relató el señor Alberto respecto a si antes había algún precedente de esta padecimiento en Tomasito. “No, no, no… nada”, dijo el padre del menor.

Añadió que en el pueblo como en su casa, el ambiente “está muy tenso, todos están tristes, los vecinos, todos acostumbrados a que el niño salía. Como es un pueblo tranquilo no hay tanto peligro, salía con su bicicleta, se iba a un lado, se iba a la cancha, siempre lo conocían. Sus hermanos están tristes, muy tristes, lo conocían que él era el más activo y ahorita verlo así pues duele mucho”. 

El partido más difícil

Tomasito se encuentra la mayoría del tiempo tendido en una cama al interior de un cuarto sobre cuya puerta cuelga una foto de él en brazos de su madre. A sus 12 años, tal vez no dimensiona su padecimiento y, como si de algo rápido y pasajero se tratara, viste un uniforme de la Juventus, jersey y short, como si estuviera listo para regresar a jugar en cuanto todo esto acabe.

“El niño ahorita está inquieto porque no puede moverse pero sí, consciente está, no puede hablar bien. O sea su voz no es así”, detalla el papá, cuyo semblante cambia al hablar sobre el futuro inmediato.

“Ahorita viene la rehabilitación y todo eso. Estuvo 5 o 6 días pero ya está fuera de peligro, ya ahorita es rehabilitación, pues lo más complicado es que se le afectaran las vías respiratorias, pulmonar, todo eso, pero pues gracias a Dios ya no se complicó más”, explicó Alberto.

“Ahorita no puede mover los brazos, las piernas, los dedos, todo eso; cuando ingresó al hospital le había dado una parálisis facial, pero gracias a Dios que con el medicamento regresó su carita y ya no tuvo más complicaciones porque sí lo atendieron bastante bien”, añadió. 

Piden ayuda

La familia de Tomasito se dedica a la artesanía, específicamente al trabajo del telar de cintura. Sin embargo, a causa de la pandemia y los daños colaterales que esta tuvo, como la cancelación de fiestas tradicionales en Oaxaca, la suspensión de eventos masivos o la restricción en el turismo, prácticamente no hubo ventas que les ayudaran a generar sustento.

Ante esta emergencia, acuden al buen corazón de los oaxaqueños y de la ciudadanía en general para buscar ayuda con la que puedan hacer frente a las dificultades que causa un caso como el de Tomás.

“Todavía debemos parte del hospital y unos préstamos que conseguimos acá y pues por eso pedimos la ayuda económica pues para salir de esto, pues el costo fue de aproximado 350 mil pesos”, explicó Alberto.

“Es un tratamiento bastante costoso y no contamos con la solvencia para eso y luego pues ahorita el problema es que no hay trabajo, está bastante difícil la situación”, concluyó.