La vida no acaba al perder un seno: Carmen

Carmen tiene 8 años con mastectomía radical, y aunque la pérdida de un seno es algo que aún no acepta, decidió seguir luchando por su vida con fuerza y coraje.  "Al inició me negué, si iba a morir, moriría con mi cuerpo completo, me dije, después decidí luchar. Perdí un seno, pero gané vida", afirma como sobreviviente de esta enfermedad, la cual año con año mata a decenas de mujeres en México.

En medio de la batalla contra el cáncer, Carmen apela a las instancias de salud para que no dejen solas a las sobrevivientes del cáncer de mama, pues en medio de la pandemia la atención a este sector quedó en el olvido. Por otro lado, sumada a la campaña “Adopta una chiche”, que busca reunir recursos suficientes para la compra de 50 prótesis mamarias e igual número de brasieres, apeló a la sensibilidad ciudadana para ser apadrinada o amadrinada.

“A mí me detectaron el cáncer el 14 de febrero 2012, fue una bolita en la axila. Ahora llevo ocho años de operada. Me hicieron masectomía radical que es extirpación de todo el seno. Recibí seis quimioterapias y 25 radiaciones. Todavía no me dan de alta y ahora, con el problema de COVID, menos nos han atendido”, explica.

Carmen de 45 años es madre de familia; antes del cáncer tenía un negocio de venta de alimentos. Después de ello se quedó sin empleo remunerado. Si bien, la salud ha ido mejorando paulatinamente, superar el impacto emocional de perder una parte de su cuerpo le resulta imposible. “No lo acepto del todo. Me operaron el 25 de julio del año que me detectaron el cáncer. Han pasado ocho años”.

La precariedad económica en la que vive le ha impedido comprar una prótesis mamaria que le ayude a mantener la salud de su cuerpo y evite, a la larga, problemas de espalda por la falta de peso en uno de sus lados. Actualmente utiliza una prótesis artesanal hecha de apiste.

Ella tenía 36 años cuando recibió la noticia. Había acudido al médico por un dolor en el brazo y una bolita en la axila. En ella su seno no cambió de color, no tenía secreción, tampoco estaba más abultado. Sin embargo, el médico no descartó ninguna posibilidad y a través de un ultrasonido detectaron el cáncer.

“Cuando me dijeron que era cáncer, lo primero que pensé es que me iba a morir, pero detectándolo a tiempo hay muchas posibilidades de vida, la muestra es que llevo ocho años de vida. Me siento perfectamente bien, pero me falta mi prótesis. Yo no la podría comprar”.

Para sumarte a la campaña “Adopta una chiche” puedes contactar a Corazón Rosa al 9512348567.