Sequía y pandemia inhiben siembra de amaranto en Oaxaca

La crisis climática y la contingencia sanitaria reducen en Oaxaca los esfuerzos para promover el cultivo de amaranto, un alimento con alto valor nutricional con vestigios arqueológicos que permiten asegurar que se siembra desde hace más de cinco mil 400 años antes de nuestra era.

Desde hace 24 años en municipios de Valles Centrales y la Sierra comenzó un trabajo de promoción que permitió que 80 familias experimenten con este cultivo y sus excedentes los comercialicen con Amaranto de Mesoamérica, pero en este año la producción podría llegar a disminuir hasta en un 40 por ciento.

“La pandemia afectó porque no se ha podido salir a promover el cultivo de amaranto para sustituir a las familias que por las condiciones climáticas lo han dejado de sembrar, por la sequía hay familias a las que les nace la planta, pero ya no les desarrolla, expone el coordinador del Programa Amaranto del Centro Comunitario Centéotl, Nicandro Vásquez Ruiz.

Entrevistado a propósito del Día del Amaranto, explica que el ambiente juega en contra de este cultivo que a pesar de que se domesticó en Mesoamérica, se está reintroduciendo porque se dejó de sembrar:

“La gente sigue sembrando maíz, porque aunque no sé dé, ya sabe cómo hacerle y el cultivo les significa algo nuevo. Las condiciones ambientales han ido afectando a todos los cultivos. El amaranto es una planta resistente a la sequía, pero cada año ésta es más severa y hay disminución de la producción”, advierte.

Desánimo

Si una familia lograba un rendimiento de una tonelada por hectárea, en algunos casos la severidad de la sequía hace que se reduzca severamente a 300 kilos, momento en que ya es inviable mantener el cultivo.

Esas condiciones “cada vez más difíciles” hacen que al año se puedan reunir entre 30 a 40 toneladas para procesar y generar diversos productos como las alegrías, cereal o frituras. Entre la Mixteca, la Sierra y los Valles de Oaxaca se logran sembrar alrededor de 87 hectáreas, una superficie aún mínima.

El cultivo, expresa Nicandro, está “en el límite de la supervivencia porque requiere de mucho subsidio y no tenemos con qué apoyar a las familias para que reciban semilla, asesoría o maquinaria para el trillado y limpia del amaranto”.

Las familias que siembran amaranto resuelven un problema de malnutrición por la falta de proteína que se encuentra en la carne y rompen un círculo vicioso, pero cada vez es más difícil convencer a las personas para vuelvan a introducir un cultivo que dio fortaleza a las culturas prehispánicas.