Zoques de Tuxtla Gutiérrez realizan la “bajada” de las vírgenes de Copoya

René AraujoRené Araujo

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Son hombres quienes adornan el camarín donde yacen las marianas; flores de colores y hojas son parte de un ritual que necesita de cuidados y dedicación; delicadas mantas ayudan a mantenerlas intactas, previo a la peregrinación.

Son las vírgenes de Copoya en su bajada hacia Tuxtla Gutiérrez; es octubre y varios hogares en la ciudad ya las esperaban. La santísima de La Candelaria, del Rosario y María de Olachea, ésta “última es en su origen una imagen de Santa Teresa, aunque no queda perfectamente definido si se trata de Teresa de Ávila, festejada el 15 de octubre, o Santa Teresa del Niño Jesús (Teresa de Lisieux), festejada el 1º de octubre” -según la tradición oral, la imagen fue donada por la familia Esponda y Olachea, de la hacienda la Valdiviana, al pueblo de Copoya, de donde toma su nombre-, son parte del festejo más prolongado para los zoques.

Durante el año las vírgenes son llevadas dos veces a Tuxtla Gutiérrez; en octubre le corresponde a la segunda y permanecerá hasta el 23. El ritual reúne a cargueros, danzantes y devotos. Aunque en tiempos de pandemia, los zoques han tenido que adecuar sus protocolos; las marianas sólo fueron cargadas durante algunos metros en Copoya, para luego ser llevada en camiones y dirigirse a la colonia Juan Crispín en la ciudad. Únicamente maestros cargadores pudieron permanecer cerca de ellas.

Sin embargo, en cada hogar a donde acudan podrán ser veneradas con música y comida, como parte de el costumbre.