Serpiente emplumada

Se cree que sucedió hace miles de años, cuando el hombre era amigo de la verdad, vivía en armonía con la madre naturaleza y  podía disfrutar plenamente de las cuatro hermosas estaciones del año, que a su paso mostraban paisajes como páginas de cuatro mundos diferentes.

En un lugar llamado Laaditi, cubierto con exuberante flora y fauna, flores multicolores de bellas fragancias, trino de aves y rugir de animales, lo mismo en el alba que en la aurora.

Laaditi, era la casa de la Serpiente Emplumada, un Dios que vivía en el manantial, subterráneo y profundo; conectaba con las corrientes marinas del este y el oeste, cuyo centro desprendía un haz intermitente de rayos esplendorosos entre los que dominaban: el rojo, amarillo, azul y violeta; que se elevaban iluminando la sierra y los valles, señal de respuesta al ritual, seguido de rayos y la lluvia.

Los humanos lo veneraban como Dios de la lluvia, poseía mensaje de paz y abundancia en las cosechas, todos lo veneraban, así que nadie podía tocar el agua donde vivía; porque estaba encantado y hacía milagros para el bien o para el mal, según el rito y las ofrendas que le hacían; en su mayoría: con flores, frutos, bebidas, incienso de copal y sacrificio de animales.

Al paso del tiempo, creció la veneración a esta maravillosa Serpiente Emplumada; su despertar a mediados de cada primavera se imponía con estruendo celeste y en respuesta el reverdecer de los campos. Tribus provenientes de lejanas tierras llegaban en peregrinación buscando postrarse ante su haz luminoso, para recibir la bendición con abundantes lluvias, así poder labrar la tierra y producir los alimentos.

Se dice que vino una sequía intensa, que nadie podía entender, los cultivos marchitaron y secaron, los animales huyeron y vino una hambruna que también hizo reubicar a varios pueblos en busca de agua, invocaron a la Serpiente Emplumada  una y otra vez y no tuvieron respuesta, vino entonces Betsina y explicó que todo esto era porque la divinidad llamada Latsidu estaba atacando a la Serpiente Emplumada; entonces, se reunieron los ancianos y convocaron a sus más aguerridos  guerreros para acudir en su apoyo, al llegar, encontraron en las orillas del llano a una furiosa tribu haciendo brujería y nahualismo sobre las aguas de Laaditi, desatándose una batalla a muerte y sin tregua, los de Latsidu pronto fueron superados en su estrategia de guerra, siendo prisioneros y otros ejecutados. Entonces, vino la ira de su divinidad con una bola de fuego, que surcó el cielo de oriente a poniente y finalmente se estrelló en el bosque, ¡¡¡ BOOM !!! Vino una fuerte explosión, brotando en seguida llamas; las gigantescas llamas tomaban formas humanas, buscando a la Serpiente Emplumada para darle muerte, con sonidos tenebrosos se burlaban de los guerreros que combatían las llamas para sofocar aquel trágico y devastador incendio, en poco tiempo ya había consumido varios cerros del bosque, todo se miraba negro, quemado, muerto, ausente de toda vida.

Vino Yanitda para salvar a la serpiente, pero no pudo acercarse por el calor de las llamas; derrotada y sin fuerzas, viendo todo perdido, de su rostro rodó una lagrima que al caer en el suelo hizo brotar una bella flor y del pistilo de aquella flor, surgió un anciano que empuñaba un extraño bastón y ordeno a Yanitda, que caminara hacia Laaditi, tomara de esa agua y con sus manos arrojarla hacia el fuego. Hizo lo que le fue indicado y aquel fuego infernal se fue consumiendo conforme caía la tarde, durante la noche solo se observaban grandes troncos con lumbre, vestigio de aquella sangrienta batalla del bien contra el mal.

Los gritos de dolor en los guerreros no cesaban y de aquella moribunda Serpiente Emplumada brotaron rayos, truenos yrelámpagos que iluminaron cielo, sierra, valles y mares; surgiendo de ella gigantescas nubes negras y en seguida fuerte aguacero que apagó por completo la lumbre.

Como arte de magia, para la mañana siguiente, todo era verde, los animales empezaron a manifestarse, el trino de aves, el rugir de fieras y la fragancia de las flores habían vuelto al llano.

Llegada la noche, El Dios de Latsidu, ordena a sus hombres arrojar: troncos, piedras, ramas y sal donde habitaba la Serpiente Emplumada; cuando lo hicieron, de aquella agua turbia surgió un torbellino que arrojaba agua, rayos, centellas y una luz intensa en forma de espada asesta en el pecho de Latsidu, que se derrite y desaparece ante los ojos atónitos de sus bellacos.

La Serpiente Emplumada alzó su cabeza, miró al cielo, se inclinó en señal de misión cumplida ante Yanitda, suspiró sacudiendo cerros, y de su cuerpo brotaron múltiples y brillantes colores que poseía, luego se sumergió lentamente formando un cerro extendido y en su cabeza formó a I’ya yooto,, se cree que vive ahí custodiando al pueblo, atento ante algún invasor o simplemente regresar y darle vida a su reinado.