Día de la Raza: nada qué conmemorar

Recién el lunes se conmemoró el “Día de la Raza”, una de las fechas más significativas dentro del calendario de la humanidad. El 12 de octubre de 1492 se encuentra presente en el imaginario colectivo de la humanidad y es de los eventos más significativos en la historia, por el impacto que generó en la línea del tiempo humano, así como por sus brutales consecuencias, las cuales continúan presentes ya entrado el siglo 21. En 1492, la humanidad se encontró consigo misma, y la colisión provocada por el acontecimiento generó una ola de consecuencias que perdurarán para la eternidad. Hoy, en la segunda década del siglo 21, a más de 500 años del fatal descubrimiento, es cada vez mayor la voz social reclamando que el descubrimiento de América, en realidad es el encubrimiento del Cem Anáhuac.

Cem Anáhuac (que significa “Tierra completamente rodeada de agua”) comprendía desde lo que actualmente son las naciones de Costa Rica y Nicaragua hasta las altas regiones de Canadá. Quienes habitaban estas tierras se reconocían como Anahuacas y agregaban la nación de la que provenían (Anahuaca maya, Anahuaca zapoteca, Anahuaca mexica), lo cual hace referencia al reconocimiento que tenían ellos mismos sobre su lugar en el mundo; al saberse y sentirse parte de una nación (cualquiera que esta sea), se adquiere una cosmovisión específica de comprender el mundo, la cual genera identidad y cultura.

Con el arribo del extraño/europeo al Anáhuac, comenzó un proceso de descubrimiento que culminó con el encubrimiento completo de todo aquello que le era diferente e impuso sus creencias. La mirada ajena (provista de otra cosmovisión) reconoció en el extraño todo aquello que desconocía y eso le causó temor. Inhabilitados para comprender aquello diferente a sí mismo, emprendieron la única forma por ellos conocida para salvaguardarse: la negación y destrucción de lo incomprensible. Comienza así una de las peores tragedias que ha sufrido la humanidad, o quizá la peor.

La tragedia que fue (y sigue siendo) el encuentro de las dos miradas del mundo, generó la muerte de una parte de este. La mirada Anahuaca fue extinguida para siempre: su cosmovisión, la forma de comprenderse a sí mismo, su relación y conocimiento sobre la naturaleza (registro de terremotos, inundaciones, incendios, eclipses, conocimientos científico, arte, etcétera), la forma de entender el paso del tiempo, la historia de su civilización, TODO reducido a cenizas, humillado, ultrajado, olvidado. El encubrimiento de la antigua civilización consistió en un genocidio, una hecatombe, un holocausto mucho peor que cualquier otro que haya existido en la historia de la humanidad, eso sí, todo en el nombre de Dios (y por él todo se vale).

La tragedia humana y cultural que consistió el violento encuentro, marcó en demasía la cosmovisión nacional actual; esto queda de manifiesto en el ensalzamiento al pasado mítico, el desconocimiento (casi negación) sobre la época colonial y el despertar patriótico generado por las guerras de Independencia. Una de las características del mexicano en la actualidad es el total desconocimiento (y desprecio) por su pasado colonial, renegado y ocultado todo el tiempo. Si tomamos en consideración que el virreinato de la Nueva España duró 300 años y lo comparamos con los 200 que apenas llevamos de patria independiente, nos daremos cuenta de que aún nos falta mucho para liberarnos de colonialismos.