"La cultura del jazz es como la leche materna": Trompetista Mr. Marsalis levanta la voz 

"La música es el arte de lo invisible, así que nutre todo lo que está adentro", declaró el trompetista Wynton Marsalis.

CIUDAD DE MÉXICO.- Cómodamente sentado en el banco de su piano, con la camisa blanca bien planchada, fresco, jovial y sincero -siempre tan cool sin hacer esfuerzo alguno-, Wynton Marsalis es algo así como el jazz hecho persona. 

Así lo ha sido desde principios de los años 80, cuando abandonó una prometedora carrera como trompetista de música clásica para seguir los pasos de su padre, el pianista Ellis Marsalis Jr., patriarca de uno de los clanes jazzísticos más entrañables de Estados Unidos. 

Infancia, en el caso de Wynton Marsalis, definitivamente es destino, pues su más reciente composición, la ambiciosa Ópera jazz y sátira política The Ever Fonky Lowdown, la cual abreva directamente de los sonidos de su natal Nueva Orleans, donde "la cultura del jazz es como la leche materna", como él mismo ha dicho. 

En entrevista desde su casa en Nueva York, ciudad donde dirige el prestigioso Jazz at Lincoln Center, Marsalis no pierde la actitud intrépida, desafiante y juguetona que lo llevó a ser considerado un renovador del género hace casi 40 años, pero habla ahora desde la altura de quien se sabe una figura clave -quizá la más conocida- del mundo entero del jazz. 

"La música es el arte de lo invisible, así que nutre todo lo que está adentro", declara su credo con sabiduría, sincopando las palabras como si estuviera tocando un solo. 

"La escuchas y, cuando interactúas con ella, está nutriendo tus memorias, tus pensamientos, tus sueños y tus anhelos; tu sentido interior del ser, tu salud mental, tus aspiraciones románticas, tus miedos", reflexiona y agrega: "Es misteriosa de esa forma". 

Ese misterio es ahora más necesario que nunca, en tiempos decididamente aciagos para todos, incluyendo a Marsalis, quien desde los ocho años no había pasado tanto tiempo sin una tocada, con el Rose Hall -el foro de conciertos a su cargo en el Lincoln Center- cerrado hasta el próximo año a causa de la pandemia. 

Más importante aún, para el compositor han sido meses inmensamente tristes por la pérdida del veterano Ellis Marsalis Jr., su "estrella polar", quien apenas el pasado abril falleció por complicaciones derivadas del Covid-19. 

Un homenaje a su padre

Lanzado en plataformas digitales el 21 de agosto, The Ever Fonky Lowdown es un homenaje a su padre, con una mezcla de funk de Nueva Orleans, jazz, gospel, swing, blues y folk que remite a la tradición musical más arraigada del clan de músicos de Luisiana. 

"Quería que mi papá la escuchara, porque la escribí en su lenguaje. Mi padre falleció, pero la escuchó en Chautaqua (condado neoyorquino) cuando la tocamos el verano pasado, asÌ que logró escucharla, porque está muy influenciada por su música y sus aspiraciones", celebra Marsalis. 

La composición, no obstante, pertenece también a una serie de álbumes con los que el trompetista alza regularmente la voz para denunciar el rostro más violento, racista e injusto de Estados Unidos. 

"Cada década, trato de escribir algún tipo de composición de conciencia social, de un tipo de humanismo universal", detalla. 

En el linaje de clásicos como Black Codes (From the Underground, 1985), Blood on the Fields (1997), All Rise (2002) y From the Plantation to the Penitentiary (2007), este nuevo álbum amplía el espectro de la crítica para denunciar la corrupción, el abuso de poder, la retórica belicista y el desprecio al otro que suelen enarbolarse en las naciones que se dicen democráticas. 

A pocos meses de una elección crucial para la historia de Estados Unidos, y en un ambiente de tensión racial ocasionado por los asesinatos policiacos de miembros de la comunidad afroamericana del país norteamericano, The Ever Fonky Lowdown se estrena con una vigencia insoslayable. 

Como el jazz mismo, se trata de una obra compleja, con múltiples capas sonoras y narrativas, que igual encanta con su virtuosismo musical, que estremece por la precisión de su sátira política. 

"Para hacer una, no quiere decir que no puedes hacer la otra", señala Marsalis al respecto. "Puedes comer espinaca y luego darte la vuelta y comerte un pay", sonríe luego, como quién sabe de la efectividad del humor para decir verdades a la cara. 

El circo del engaño

El carácter entero del nuevo disco de Wynton Marsalis está contenido en el título elegido por su autor: The Ever Fonky Lowdown. Pleno de astucia socarrona y de la jerga usada por estafadores callejeros y charlatanes de feria, su traducción al español se hace compleja, mas no imposible, pues el tema que toca es universal: el carnaval de mentiras montado por los gobiernos del mundo para engañar a sus ciudadanos. 

Con una duración de 1 hora y 52 minutos, y estructurado por 53 canciones, el disco proviene de un deseo añejo de Marsalis de componer la música para un circo. 

"Cuando estaba en la preparatoria, tenía 15 o algo así, los músicos mas grandes me llamaron para tocar música para circo y yo nunca lo había hecho. Decían: 'Llama a este chico para que toque un circo'", recuerda Marsalis. "Decían: ¡Dejen que el chico la toque!", y yo pensaba: "guau, de verdad creen que puedo tocarlo". 

"Fuimos a tocar y lo que yo no entendía es que, en el circo, la trompeta nunca deja de sonar, así que cuando llegué a la quinta canción, ¡me estaba muriendo!, y empecé a ver a mi alrededor y todos me decían: "Venga, chico, lo estás haciendo", ríe. 

Este trajín musical, de complicada ejecución, cautivó al trompetista a tal grado que incluso una vez contactó a un circo para saber si podía componer la música para uno de sus espectáculos, sin éxito. 

Ya en sus propios términos, sin embargo, Marsalis regresó a esta estructura, con composiciones musicales que se intercalan con narraciones de un maestro de ceremonia, una y una, desde el principio del disco hasta el final. 

"Tiene la forma de un montón de eventos que se desarrollan a la manera de un circo", explica el músico. 

Con un libreto escrito por el propio Marsalis, de sustanciosas 34 cuartillas, el álbum da vida a Mr. Game, un personaje interpretado en la grabación por el actor Wendell Pierce, amigo de juventud del trompetista y celebre por su interpretación como el detective William "The Bunk" Moreland en la serie The Wire. 

Como en la portada del disco, Mr. Game se presenta ante el escucha -o la audiencia-, como el poseedor de una verdad únicamente para enterados, y como administrador de un juego muy viejo que es imposible no jugar.

"Estamos aquí esta noche, pero éste en engaño internacional, nene. Se ha llevado a cabo muchas veces a través del tiempo y el espacio y no es específico de ninguna lengua o raza. Tiene distintos sabores dependiendo del gusto del pueblo, pero siempre termina en el mismo viejo lugar", se presenta el personaje, en voz de Pierce. 

"Mr. Game es una combinación de gritón de feria, vividor, político, predicador evangélico, director general, estafador y abogado", define Marsalis. "Él vive en ese juego y te convence de que vendas tu integridad; te convence de que le apuestes a un sistema de valores que requiere que derrotes a un grupo de otros'". 

El juego de Mr. Game, se sabe pronto en la trama, es convencer a un grupo de personas (el ¡Oh, Glorioso Pueblo!) de qué está en sus mejores intereses someter a un grupo contrario para garantizar su propia supervivencia. 

A modo de coro griego, con tres voces femeninas que fungen como musas (Camille Thurman, Ashley Pezzotti y Christie Dashell), cada intervención de Mr. Game es seguida por un comentario, reafirmación o refutación de las palabras del charlatán, con la Orquesta del Jazz At Lincoln Center transitando, con soltura, de género en género. 

Algunas piezas, con el gran desparpajo satírico que Marsalis imprime a Mr. Game y al coro, terminan convertidas en verdaderos himnos al egoísmo y a la retórica divisionista de los regímenes autoritarios del mundo, como se hace evidente, por ejemplo, en "No me gusta nadie más que yo". 

"No me gusta la gente negra, / no me gusta la gente blanca, / no me gusta la gente bajita, / no me gusta la gente anciana, / y es por eso que voy a tomar / tanto como pueda confiscar", cantan las musas, en una letanía del odio que se acompaña, irónicamente, con un funk deliciosamente bailable. 

"Hay mucha mas riqueza en el talento, habilidades e inteligencia de los humanos en este mundo. Hay tantísimo, pero, por alguna razón, los que nos dividen son capaces de amasar mucho mas poder y son capaces de blandir ese poder en contra de nuestros compañeros ciudadanos y que, eventualmente, terminamos siendo nosotros también de cualquier forma", alerta Marsalis sobre su libreto. 

En ocasiones, la elección de palabras de Mr. Game es indistinguible de aquellas que, mitin tras mitin y desde cualquier conferencia de prensa, lanza el Presidente estadounidense Donald Trump, con la reiteración de la grandeza americana y, sobre todo, con su imagen de "ganador". 

Sin embargo, aunque el álbum comenzó a tomar forma en el 2018, ya con el magnate inmobiliario y personalidad televisiva en la presidencia, Marsalis se resiste a que el personaje de Mr. Game recaiga completamente en Trump. 

"No solo se trata de él. Ponérselo todo a él es darle demasiado poder", apunta. "Él no es el primer político, o Presidente de los Estados Unidos, que dice: -Somos la nación mas grandiosa de la Tierra". 

Con la música y los monólogos del personaje contrapunteándose a través de toda esta singular Ópera jazz, Marsalis pasa lista a todos los males que se cometen regularmente desde la falsa legitimidad de un gobierno, como el intervencionismo bélico, la corrupción legislativa, la desigualdad económica, la voracidad financiera y las políticas segregacionistas desde el Estado. 

En uno de los momentos mas conmovedores -y terribles- de la trama, la voz sufrida del guitarrista Doug Wamble pregunta en clave de blues: "Mi hermano, / mi hermana, / ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? / ¿Por qué me sigues haciendo esto?".

A lo que el coro de musas, rompiendo en un swing, contesta burlonamente: "Porque quiero, / porque me gusta / y porque puedo".

Esta visión desencantada de los sistemas de gobierno, sin embargo, no se extiende para Marsalis hacia la gente de a pie, con una conmovedora fe que roza el optimismo. 

"La gente alrededor del mundo con gobiernos totalitarios no es asÌ a puertas adentro, de casa en casa. Cuando vas a casa de la gente, escuchas una historia muy distinta", confía. 

La deriva autoritaria y populista del mundo, señala Marsalis, lleva tiempo ocurriendo en su paÌs y en muchos otros, pero corresponde a la gente, y a nadie mas, resistirse. 

"Por alguna razón, ahora se están calentando las cosas, porque hay muchos cambios en el mundo, llevamos rato yendo en esta dirección", evalúa. 

"Nosotros, como ciudadanos, vamos a tener que tomar una decisión de cómo queremos vivir, ¿o queremos ir de vuelta a los amos y los esclavos? ¿O vamos a tener un tipo de renacimiento del pensamiento, de poder ser capaces de disfrutarnos los unos con los otros, de disfrutar la brillantez de los otros?", se pregunta. 

Se trata de resistirse al lowdown que pregonan los charlatanes y estafadores, a esa supuesta verdad de quien se las sabe todas, como una "neta"; una información privilegiada de un enterado en los fraudes de un sistema que está fonky, palabra homófona de funky, como el ritmo del álbum, pero que se usa para señalar algo sucio, desagradable y barato. 

Para Wynton Marsalis, eso es The Ever Fonky Lowdown: "La neta siempre hedionda" que venden los farsantes de circo, los gobernantes, de la que hay que desconfiar a toda costa. 

"No es real, es una caricatura"

En The Ever Fonky Lowdown, como contraposición a Mr. Game, Marsalis rescata la figura histórica de Fannie Lou Hamer, una activista por los derechos civiles y por los derechos de las mujeres al voto, que la historia prácticamente ha olvidado.  

"Soy de los 60, nací en el 61, y mi madre amaba a Fannie Lou Hamer. Mi mamá era de los meros desarrollos inmobiliarios; creció muy, muy, duro, pero de verdad amaba a Fannie Lou", recuerda Marsalis.  

"¡Niño, cállate! Fanny Lou está hablando", lo regañaba su madre. 

Una campesina de Mississippi y la mas grande de 20 hermanos, Hamer fundó el Freedom Democratic Party, participó en diversos comités de protesta y fue víctima de violencia física en sus intentos por registrarse para votar. 

"Es, probablemente, la figura más profunda del movimiento por los derechos civiles, incluyendo a (Martin Luther) King", calibra Marsalis. 

En su nuevo disco, el compositor dedica una balada en dos partes a la activista; la primera, una canción de folk, y, la segunda, un himno de blues y gospel, como una forma de ofrecer un ejemplo de dignidad en los peores tiempos. 

"Tomé a Fanny del baúl por mi mamá. Para mi papá escribí la música y para mi mamá, que falleció hace unos tres años, tomé a Fannie Lou porque mi mamá la amaba", explica Marsalis. 

Acostumbrado ya a los silencios incómodos sobre sus álbumes políticos y sociales, el trompetista no pierde, sin embargo, su fe en las personas.

"Es lo que me han hecho a mí las últimas veces. Mi nombre no aparece (en la crítica especializada), pero nunca hay que confundir eso con la gente.  Wynton Marsalis, el hombre-jazz, seguirá levantando la voz.

"Cuando sales y conoces gente, estás hablando, o tocando la trompeta, con músicos o personas que enseñan música, de todas las razas, ellos no te tratan así; te tratan con amor y corazón, llevan a sus hijos, y a mÌ es algo que me ha pasado por los últimos 40 años que he estado en esto", Wynton Marsalis.