El Lector Furtivo: General Antonio de León

“Hace algún tiempo que permanezco tranquilo en mi casa sin participar en la vida pública, pero hoy sería un crimen continuar en el retiro cuando atacan a la Patria (...) si no fuera porque me han nombrado su jefe, gustoso marcharía en cualquiera de vuestras filas como soldado”.

Así habló en 1947 el gobernador de Oaxaca con licencia, el general brigadier Antonio de León que, con la urgencia que el caso requería, hizo las gestiones necesarias ante el gobierno del estado, para que le fuera proporcionado un batallón con el cual hacer frente a la invasión norteamericana. De esta forma se puso  al frente del Batallón activo de Oaxaca que organizó él mismo años atrás y al que ayudó a pertrechar con recursos de su propia hacienda.

Antonio de León vio la luz por primera vez en  la casa que su familia tenía en Huajuapan, lugar al que ahora da su nombre, el 3 de junio de 1794, un día de tormenta. La ciudad pertenece a la entonces riquísima región Mixteca que debía su bonanza a la producción de grana cochinilla.

Si de alguna forma pudiéramos definir la primera mitad del siglo 19 mexicano, sería como “un periodo convulso”, como corresponde al nacimiento de una nación, porque los proyectos de gobierno están en una fase temprana de definición en la cual se ponen en juego las idiosincrasias, los ideales políticos, los anhelos y por supuesto, los intereses de estos nuevos ciudadanos. Los procesos para acordar el ejercicio de esa nueva ciudadanía son siempre contradictorios y muchas veces violentos. La figura del general Antonio de León cobra especial importancia porque participó en todas estas definiciones. Perteneció al ejército realista y después fue Insurgente, llegando a ser comandante del Ejército Trigarante, que finalmente consumó la independencia. 

Al oaxaqueño le toca ver nacer al México independiente, primero en forma de Imperio con Agustín de Iturbide y después transformándose en república, amenazada continuamente por las potencias extranjeras.

Siempre un hombre decidido, le toca cumplir varias responsabilidades de su tiempo y de su posición, conoció la guerra y la persecución, y finalmente también le tocó ser el hombre fuerte de su terruño.

Por supuesto que para poder conocer a este gran personaje hace falta la pluma de una persona apasionada dispuesta a hurgar en diversas fuentes bibliográficas y documentales, y que seleccione para nosotros los hechos más relevantes con su punto de vista personal. Eso es precisamente lo que hace Guillermo Rangel Rojas en “General Antonio de León. Consumador de la independencia de Oaxaca” (1450 Ediciones, 2020), resumiendo la labor de muchos años en estas páginas.

Al momento de partir para hacer frente al enemigo norteamericano, Antonio de León dijo a su amigo el Coronel Mejía: “Abráceme porque no nos volveremos a ver, voy a una lucha en la que hay que morir”. Lo anterior nos revela el carácter arrojado de este hombre de armas que arengó a sus soldados diciendo: “A la campaña, que sí parecemos en ella, Oaxaca nos consagrará un recuerdo de gratitud en nuestra tumba”; parte de esa gratitud está expresada en este libro.