Agustín de Iturbide, el criollo que fue emperador

Puso los cimientos de una nueva nación

Agustín de Iturbide nació en Valladolid, ahora Morelia, en Michoacán, el 27 de septiembre de 1783. Perteneció a una familia acaudalada, debido a que su padre fue un rico español, Joaquín de Iturbide.

Con 17 años cumplidos ingresó al regimiento de infantería provincial de su ciudad y a los 22 contrajo matrimonio con Ana María de Huarte.

Para 1813, el virrey Félix María Calleja lo ascendió a coronel y le dio el mando del regimiento de Celaya. Después obtuvo el control militar supremo de la intendencia de Guanajuato. 

En 1816 lo acusaron de mandar crear monopolios comerciales, saquear propiedad privada y malversar fondos; no obstante, le retiraron los cargos en 1817. El virrey le regresó el mando del ejército, pero lo rechazó, pues entendió el trato diferente que había para los nacidos en el país y los originarios de España.

Años antes, en 1810, al estallar el movimiento armado, Miguel Hidalgo y Costilla lo invitó a unirse a la causa con el cargo de teniente coronel; sin embargo, Iturbide rechazó la invitación porque no estaba de acuerdo con las invasiones que realizaban los insurgentes, como la batalla de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, el 28 de septiembre de 1810, cuando los rebeldes derrotaron a los militares, pero al tomar el edificio asesinaron a familias refugiadas.

Iturbide recibió el nombramiento de Comandante General del Sur y le encomendaron la tarea de sofocar la insurrección de Guerrero, una de las últimas que persistían. Sin embargo, analizó la situación del país y notando que los españoles se debilitaban, decidió incorporarse a la causa insurgente e invitó al mismo Guerrero para declarar juntos la Independencia de México. Concertaron un encuentro, acordaron  aliarse y unir sus ejércitos durante el denominado “El abrazo de Acatempan”, en Guerrero. 

En 1821, Iturbide y Guerrero firmaron el Plan de Iguala y proclamaron la independencia de México, la igualdad de derechos para españoles y criollos y la supremacía de la Iglesia Católica.

El Ejército Trigarante que formaron entró triunfante en la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821.

El virrey Juan O’Donojú no tuvo más opción que firmar los Tratados de Córdoba en que se reconocía la independencia de nuestro país y un día después de este acontecimiento se integró la Junta Provisional Gubernativa que eligió por unanimidad a Agustín de Iturbide como su presidente.

El imperio mexicano

Pese a que el 25 de febrero de 1822 se eligió un Congreso Constituyente, debido a un motín del regimiento de Celaya, en mayo, dicho movimiento otorgó el poder a Iturbide. 

Se dice que la noche del 18 de mayo de 1822, una multitud encabezada por integrantes del antiguo regimiento de Celaya marchó hasta la residencia de Iturbide y le pidió que aceptara ser emperador.

La ceremonia de coronación tuvo lugar el 21 de julio de ese año, cuando lo nombraron Agustín I.

El Congreso aprobó la proclamación, pese a las resistencias de republicanos y liberales, quienes se levantaron en armas, entre quienes destacó el gobernador de Veracruz, el general Antonio López de Santa Anna, el cual se alió con Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria. Hicieron frente al emperador y consiguieron su abdicación el 19 de marzo de 1823.

Caída del imperio

En abril de ese año abolieron el Imperio y en mayo, Agustín de Iturbide abandonó el país para establecerse en Liorna, Italia, y luego en Londres. 

Ignorando que había un juicio en su contra, el 14 de julio de 1824 volvió a México y arribó al puerto de Soto la Marina, en la costa de Nuevo Santander, hoy Tamaulipas. Sin embargo, el 18 de julio, junto con su familia fueron detenidos y conducidos a la población de Padilla, en cuyo lugar le esperaba una sentencia pendiente.

Cinco días después, el 19 de julio, un sacerdote le administró los últimos sacramentos. “¡Mexicanos! Muero con honor, no como traidor; no quedará a mis hijos y su posteridad esta mancha, no soy traidor, no”, exclamó a modo de despedida.

Según el parte, fue ejecutado de tres disparos y acto seguido enterraron sus restos en la iglesia parroquial de Padilla.

Iturbide pasó a la historia como artífice de la Independencia junto con Guerrero, pero sus errores pesaron más para ser considerado un traidor de la causa libertaria.