Armenta y López en Oaxaca, víctimas de la barbarie del intruso

MISCELÁNEA

Los michoacanos José María Armenta y Miguel López, recibieron, en octubre de 1810, altos empleos de su paisano, Don Miguel Hidalgo: venir a Oaxaca a traer la llama de la independencia.

A los pocos días de recibir la encomienda, llegaron a la entonces Villa de Antequera, disfrazados de vendedores de yesca “artículo comercial común en esa época y abundante en estas tierras”, apunta Raúl Jiménez Lescas en su “Armenta y López, primeros mártires insurgentes en la Antequera de Oaxaca”. Aparte de la yesca común “que cualquier chispa prende en ella” (RAE), estos patriotas insuflaban en la población otra más poderosa y eterna: la yesca de la libertad.

Estos militares, el coronel Armenta y el sargento López, que andaban en la bola que lideraba el Padre Hidalgo, según lo historiado por don Carlos María de Bustamante, periodista oaxaqueño y cronista del Ejército Libertador, asociaron en su misión a F. Calderón, guardacaminos de la Cuesta de San Juan del Rey y primer oaxaqueño sumado a la Independencia.

La orden del cura Hidalgo era presentarse con José Lazo Macarino, intendente de Antequera y entregarle un escrito que describía el plan independentista; así lo hicieron y fueron delatados por el burócrata.

Fueron detenidos y encarcelados en el Convento de Santo Domingo de Guzmán; luego de un juicio sumario, donde aceptaron con postrer orgullo ser militantes de la insurgencia, fueron colgados en la horca en Jalatlaco. Tres días después, sus cadáveres fueron descuartizados y exhibidos sus restos inmortales en varios sitios de la población.

El cura que dio el sermón funerario en la catedral oaxaqueña frente a los cuerpos exánimes de los patriotas, preguntó de oficio: …y vosotros que ya estáis juzgados por Dios, decid al pueblo si es justa o no la guerra de independencia”.

“Y como sopló el viento –cuenta don Jorge Fernando Iturribarría en Breve Historia de Oaxaca– hizo voltearse de frente al orador uno de los cadáveres; luego, por la misma causa del balanceo, movió la cabeza de arriba hacia abajo, como si contestara afirmativamente”.  Este hecho, cuenta Iturribarría, causó una gran impresión en todos los presentes, “mayormente al canónigo San Martín, que poco después se unió a la causa de la libertad”.

Muertos sus cuerpos por abrazar la Independencia, sus espíritus seguían vivos en la yesca que no se apaga nunca.

Al llegar a Oaxaca, el generalísimo don José María Morelos y Pavón, los ascendió post-mortem y ordenó al Deán de Catedral, honrar su memoria y ejemplo. Así lo dispuso por escrito: ”…al ver cuando se acercó a esta capital expuestas en el camino las cabezas de los beneméritos americanos, el señor coronel D. José Armenta y el teniente coronel D. Miguel López, primeras víctimas en esta provincia, de la barbarie y crueldad del intruso gobierno español, e igualmente el justo reconocimiento a sus distinguidos servicios a la Patria, por lo que sacrificaron sus vidas, nos obliga a honrar su memoria con toda la pompa debido a sus altos empleos y tributar a sus almas los últimos sufragios”.  Por ello, encargó un funeral en la Catedral “con misa y vigilia y todo lo demás, que solemnice este religioso acto”.

MEMENTO

25 de septiembre de 1873: Se incorporan a la Constitución Nacional, las Leyes de Reforma de 1857.

27 de septiembre de 1821: Se lleva a cabo la consumación de la Independencia de México.

30 Septiembre de 1765: Nace en Valladolid don José María Morelos y Pavón.

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