La muerte de un grande: Sigmund Freud, una pérdida del siglo 20

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Su larga y difícil vida había llegado al término; sus sufrimientos habían pasado. Freud murió como vivió: como un realista.

Ernest Jones

A la muerte de Freud, su familia permitió a una sola persona el acceso a sus archivos: Ernest Jones, quien además de notable psicoanalista, fue amigo y fiel colaborador del padre del psicoanálisis. Posteriormente, Jones consagró diez años de tenaz trabajo para escribir la biografía, Vida y obra de Sigmund Freud. En el último capítulo, Londres: el fin, nos narra parte de la travesía que Freud con su familia vivieron después que el ejército Nazi invadió Austria el 11 de marzo de 1938; hasta su adiós a la ciudad donde había vivido durante 79 años.

Vuelo e incertidumbre

El 15 de marzo, Jones consigue un vuelo a Praga con la firme intención de llegar a Viena para realizar el último esfuerzo de convencer a un Freud delgado, cansado y mermado por el cáncer -que desarrolló durante 16 años- para que abandonara su país. Según las pesquisas que años después realizara el prestigioso cancerólogo, oncólogo y psicoanalista José Schavelzon, el deterioro de su salud fue por un mal diagnóstico y tratamiento de sus médicos, lo cual detalla en el libro, Freud. Un paciente con cáncer (editorial Paidós).

Misión imposible

Además de convencer a Freud de dejar su patria, Jones tenía que sortear dos dificultades más. En ese momento, los países rechazaban ferozmente dar hospitalidad a migrantes; Francia era el único que lo hacía, con ciertas restricciones, pero la finalidad era lograr que el gobierno inglés le autorizara vivir en Inglaterra; la tercera dificultad, que los Nazis permitieran a Freud salir con su familia. Como confiesa el mismo Jones, había situaciones en las que él no podía hacer nada, pero los grandes hombres suelen tener más amigos ubicados en altas posiciones, de lo que ellos mismos saben. A tal punto que el presidente Roosevelt y Mussolini intervinieron para que la misión se completara, por lo que los nazis no pudieron negar a Freud el permiso de salida; no sin hostigamiento y arrebatándole su dinero.

Orden directa, destruir el psicoanálisis

Por ese entonces, Müller-Braunschweig llegó de Berlin acompañado por un comisionado nazi con el único propósito de ponerle fin al movimiento psicoanalítico, por lo que el 13 de marzo se reunió la Comisión de la Sociedad Psicoanalítica y decidieron que partieran quienes pudieran hacerlo, y que la sede sería donde Freud se estableciera.

Una de las palabras del Padre de la Psicología como también se le conoce, fueron las siguientes: …estamos acostumbrados a la persecución por nuestra historia, por la tradición, y algunos de nosotros por la experiencia personal…

Continuará el lunes…

Invitación

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