Acompañante

LECTURAS PARA LA VIDA

Mientras espero a mis padres, puedo ver el ocaso a través del florido roble (tabebuia rosea); ambos hacen un juego hermoso y melancólico, creo que tengo esa sensación porque la escuela está sola. Tener esta vista del atardecer me costó mucho; considerando lo miedosa que soy, trasladarme hasta el otro extremo de la escuela, pasando incluso la cancha de basquetbol para poder admirar en silencio este paisaje, es algo que creo no debí hacer.

La noche y el frío empiezan a calarme, pero no quiero moverme de esta banca, los colores naranjas y rosas del cielo ahora me resultan imponentes; por alguna extraña razón, mi corazón palpita más rápido, mis sentidos se alertan, el nerviosismo me invade y creo que hay algo detrás de mí, al lado, arriba o abajo; en cuanto volteo a un lado, debo mirar hacia otro porque sé que algo viene y me quiere hacer daño, llegará por donde menos lo espere aunque esté alerta.

Los especialistas me han diagnosticado cuadros de ansiedad y como ellos dicen, viene de la mano con depresión; no creo que sea eso, intento tranquilizarme diciendo que solo es otro episodio, que debo respirar, sentarme y por si acaso, pegarme a la pared; digo, uno nunca sabe, como si tuviera poderes mentales, intento llamar a mis padres, no quiero gritarles que vengan por mí, quedaría como una loca y no iría bien a mi imagen con la profesora, ya que ellos están aquí porque ella quería hablarles de mi situación.

No recuerdo de qué situación habla, he olvidado lo que hice esa mañana y un lapso de una semana atrás; olvido rápidamente y es que parece ser también tengo “déficit de atención”, pienso en eso, y de un momento… parece que mentalmente me trasladé al salón donde se encuentran mis padres.

Continuará el próximo lunes…

[email protected]