En picada

Última de dos partes

Las gaviotas son aves ingeniosas, curiosas e inteligentes, que demuestran complejos métodos de comunicación y una estructura social altamente desarrollada. (EN CURSIVAS)

Esa tarde, cuando Mariano salió de su trabajo, pudo escuchar a la misma pareja de gaviotas gruñendo sobre sus hombros. Sí, eran las mismas.

—Méndigas gaviotas, me están espiando —dijo Mariano en voz baja.

En lo que cruzó la calle, sintió el revoloteo, no sólo de dos, sino de cuatro aves.  Mariano apresuró su paso como fingiendo no sentir su presencia. Asqueado, sintió cómo un par de cagadas cayeron sobre sus hombros. Al llegar a casa, cerró la puerta con alivio.

—¡Qué asco, Mariano! ¿Te cayó popó de gaviotas? Te encargas tú de lavar la ropa.

Por la noche, con el cuello torcido por la segunda noche en el sofá, deseó más que nunca que llegara el bendito miércoles para largarse. Qué descanso, pensó, dejar en casa la agresividad de las gaviotas y la ley del hielo con Ema.

Por si fuera poco, en el almacén de La Paz, lo esperaba su Sirenita, la vendedora de electrodomésticos más rechonchamente sensual de la península. Era buena para vender y excelente promotora en la cama. Como buen marido, Mariano había resistido la tentación, pero llegó el día en que le ganó la apertura de sus quereres, el perfume de la intimidad. Para que le agarrara el sueño, recordó los ojitos marrón claro de su Sirenita. El corazón le latió más fuerte al traer a la memoria su brasier blanco que, como bandera de paz, hacía ondear sobre sus cabezas cada vez que conquistaban el placer máximo. Durmió turbado, acalorado.

Las gaviotas también pueden alimentarse de la piel y la grasa de una ballena aún cuando está viva. (EN CURSIVAS)

Al día siguiente, lejos de que el enemigo bajara la guardia, el matrimonio fue sorprendido por una legión de tres parejas de gaviotas que se convirtieron en su sombra celestial. Lo atacaron con saña. Para los picotazos, indudablemente había un sólo blanco: el cráneo de Mariano. Para los excrementos, las gaviotas eran menos certeras, dejaban su rastro por donde él pasaba.

A partir de entonces, cada vez que salían en familia, Ema se cruzaba la calle con el bebé en la carriola, dejando a Mariano lidiando solo con las aves.

¿Cuánto tiempo guardan resentimiento las gaviotas? 

Se estaba haciendo esa pregunta al tercer día de la declaración de guerra, cuando pasó por un establecimiento donde vendían motos.

—Qué ridículo te ves Mariano; pero la verdad, esta vez sí te apoyo con lo del casco. No te costó muy caro, ¿verdad? Acuérdate que ya nos toca pagar la anualidad en la guardería.

Con el casco, Mariano destanteó sólo parcialmente el malentendido con el alado enemigo, ya que, con una sagacidad que daría envidia al departamento nacional de inteligencia, la colonia de aves lo seguía reconociendo. En la madrugada, entre silencios y risas, Ema fue por él para que regresara al nido.

—Mira Reina, cómo me tienen esas pinches gaviotas. Picotazos por todos lados. Los hombros, los brazos, ya estoy harto. No te rías. Los vecinos me apoyan. Todos menos tú.

—Ya me di cuenta. Eres el héroe del edificio.

¿Cuánto tiempo guardan resentimiento las mujeres?

Eso se preguntó esa noche Mariano mientras se recostaba en el sofá. En la madrugada, entre silencios y risas, Ema fue por él para que regresara al nido.

A pesar de que no todo el tiempo están juntas, al llegar la temporada de reproducción buscan reconocerse para así anidar en el mismo sitio donde lo hicieron el año anterior. (EN CURSIVAS)

—Amor, voy a preparar unos huevitos en salsa, ¿quieres?  —le gritó Ema desde la cocina.

—Paso, Reinita linda, con cereal estoy bien. Todo lo que tiene que ver con aves me pone mal. Ya no sé cuántos días van, pero las pinches gaviotas siguen atacándome. Me voy a bañar —contestó Mariano aún amodorrado.

 RIIIIIN

—Mariano, contesta tu celular. Dice “Electrodomésticos La Paz”.

—Sí, diga usted. Mariano Sánchez al habla.

Mariano caminó hacia el balcón para que su mujer no lo oyera. Escuchó atentamente sin decir palabra alguna. Primero, la Sirena le dijo que encontró sus calcetines delgaditos. Luego, emocionada le dio la noticia. Estaba embarazada de gemelos. Como primera respuesta, Mariano tosió un par de veces.

—Bien, señor Salas —dijo Mariano aún tosiendo—, mañana lunes envíeme todos los detalles de la transacción y con mucho gusto le daré atención y seguimiento al asunto que me refiere. Lo veré el miércoles por la tarde. Gracias por su llamada. Sí, me cuidaré esta tos.

Esa mañana salieron juntos, sólo que esta vez, Ema se quedó al lado de su marido. Como una valiente, espantó a las gaviotas con la sombrilla.

Rumbo a la oficina, mientras las gaviotas revoloteaban sobre sus hombros, Mariano se preguntó si los mellizos por nacer tendrían ojos color marrón claro y, sobre todo, si serían varones. La llovizna de excrementos le hizo mirar al suelo; vio sus pies “enhuarachados” llenos de mierda. Tosió un par de veces. Se le vinieron a la mente los dos polluelos. Esta vez no sonrió.

 Las gaviotas son consideradas aves monógamas. (EN CURSIVAS)

"Lo atacaron con saña. Para los picotazos indudablemente había un solo blanco: el cráneo de Mariano. Para los excrementos, las gaviotas eran menos certeras, dejaban su rastro por donde él pasaba".

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