Eres lo que creas: ¡Haz el bien sin mirar a quién!

¿Qué es ese ingrediente que nos permite la posibilidad de una buena vida?. ¿La felicidad?. ¿Es el destino, la suerte, el don, la visión, la iluminación, el carácter, la determinación?.

Tal vez es todo ello combinado con la educación. ¡Esa que verdaderamente reduce nuestras capacidades en todos los órdenes, dígase: físico, energético, emocional, mental, anímico, espiritual!

Decía Aristóteles que el fin último es lograr la felicidad; se dice que ésta, es un estado de conciencia. Quizá deberíamos tener una noción de ella, perseguirla, o mejor aún buscarla y encontrarla.

Nos cuestionamos si el camino que hemos trazado es el correcto. Observamos la vida propia y la de los demás y pensaríamos que cada quien tiene o creemos que tiene: un qué, un por qué, un para qué, un cómo y un cuándo. Pero no necesariamente es así y la realidad nos hace constatar que hay quienes andan, como decía aquella vieja melodía, ¡sin motivos voy viviendo por allí por vivir!

Decía el viejo maestro “hay algunos que son hijos de la mala suerte”. Desde mi punto de vista podría parecer que es así. Pero también estoy convencido que la vida es una constante prueba, desde las minúsculas y “cotidianas” hasta aquellas que nos tensan cual ligas en su máxima extensión casi a punto de rompernos.

Por tanto, creo lo mejor sería detenernos, cuestionarnos si lo que vivimos es como debiéramos o creemos que deba vivirse. Sé que es muy radical y no se le desea a nadie, y tal vez es fácil decirlo porque vemos los toros desde la barrera. Pero si las cosas van mal, es necesario reescribir nuestra historia.

Hay quienes esperamos que los golpes de la vida nos enseñen y entonces reaccionamos. Creo que tal vez en la medida de lo posible, en tanto aligeramos nuestras cargas y tomamos o construimos el mejor camino, también deberíamos ayudar a construir, a visualizar, a dar un poco de esos ingredientes que decíamos al principio, a aquellos que, por una u otra razón, se les extravió su brújula.

Hoy deberíamos disponernos a esa tarea, a esa misión, en tanto resolvemos nuestros asuntos hay cosas más pequeñas u obvias que los demás no lo ven así, en suma crear un circulo virtuoso de ayuda mutua, de cooperación, de colaboración, nuestra pequeña aportación para esclarecernos y quitar las piedras del camino por los que vienen detrás, así entre todos podremos dar algo, desde lo meramente simbólico, hasta un pan, una moneda, la mano, el aliento que necesita aquel que, cansado de las vicisitudes de la vida, del mundo, no ve la luz al final del túnel. En estos días aciagos, mucha gente presenta dificultades, entonces hoy es la oportunidad de dar un poco de luz, de ánimo, de suerte, de iluminación, de carácter y determinación, para hacer la buena obra del día; todos nos gustaría que además nos lo reconocieran o nos den la mano igual. El viejo dicho de la abuela rezaba, ¡haz el bien sin mirar a quién!