La misteriosa colonia desaparecida de Roanoke en Norteamérica

A finales del siglo XVI, una colonia británica asentada en lo que hoy conocemos como Estados Unidos desapareció. ¿Cómo? Sí, desapareció. Así, de la nada. Más de 100 personas dejaron sus hogares sin dejar rastros, como si esas presencias se hubiesen esfumado de un momento para otro.

La única pista que dejó la colonia Roanoke fue una palabra, una palabra que hasta ahora ha estado resonando en la mente de muchos: Croatoan. Fueron 117 personas las que dejaron sus hogares sin dejar rastro, como si sus presencias se hubieran volatilizado en el ambiente dejando un aliento frío, la angustia del misterio y la incomprensión de la capital británica al desconocer qué había sido de sus súbditos asentados en un pequeño condado de la actual Carolina del Norte.

Pocas veces en la historia se han visto casos similares al ocurrido con la colonia de Roanoke: más de 100 personas que abandonaron sus casas, sus enseres e incluso sus platos llenos de comida, todo abandonado en una completa soledad, como si algo hubiese atacado de repente, como si de pronto todos hubiesen sentido la necesidad de huir. ¿Qué podía haber pasado? ¿Qué tuvo que haber ocurrido para que todos aquellos hombres lo dejaran todo atrás? Y, ¿qué pasó con aquellos hombres? Pues la verdad es que no se sabe.

Lo ocurrido en Roanoke, e incluso el significado preciso de la palabra Croatoan, son cosas que se han mantenido como un misterio hasta la actualidad. Y aunque muchos libros aborden el significado de esta palabra, e incluso algunos intenten relacionarla con lo «sobrenatural», la verdad es que este es uno de los casos donde lo ocurrido nos es por completo desconocido. 

No obstante, esto no significa que no podamos indagar un poco en las circunstancia de lo ocurrido. Los primeros asentamientos británicos Las ansias por parte de la Reina Isabel I por disponer también de sus colonias en Norteamérica empezaron a materializarse en 1584.

Uno de esos primeros asentamientos se produjo bajo el mando de Philip Amadas y Arthur Barlowe, en una expedición que les permitió dar con una isla interesante, y a simple vista apacible: era la isla de Roanoke. Se dice que los nativos no eran hostiles, al menos al principio. Se trataba de dos grupos. Por una parte estaban los Secatoan y por otro, los Croatoan.

Las relaciones eran tan positivas que incluso el propio Barlowe volvió a Inglaterra con dos miembros de los croatoan, los cuales permitieron profundizar un poco más en su cultura y la geografía de la zona. No obstante, con el tiempo empezaron a surgir problemas entre los colonos y los indígenas.

Para 1587, 90 hombres, 17 mujeres y 10 niños llegaron para asentarse en la isla: los ingleses tendrían un asentamiento permanente en Roanoke, ya que esta isla era un punto estratégico. De hecho, el 18 de agosto de ese año nació la primera criatura inglesa en suelo americano: la llamaron Virginia Dare, y parecía un símbolo de esperanza. No obstante, las cosas no pintaban tan bien para los colonos.

El misterio de la colonia desaparecida

Los días transcurrían tranquilos. Inglaterra parecía esperanzada en sus ansias de fortuna en el continente americano, y los colonos de la isla Roanoke se limitaban, simplemente, a intentar llevar una vida normal, construían casas e intentaban echar raíces en ese mundo tan distinto al que habían conocido. 

Cada pedazo de tierra, cada árbol, cada brizna llevada por el viento les era ajena, y es que nada de eso pertenecía a los colonos, sino a los nativos, los Secatoans y los Croatoans. Estos dos clanes habían convivido en paz, pero que ahora se veían conflictuados al estar obligados a establecer relaciones positivas con aquellos extraños, los británicos.

Durante varios meses las relaciones fueron cordiales, y de hecho los británicos llegaron a varios acuerdos con los nativos, e incluso realizaban negocios. Todo parecía marchar bien. No obstante, a finales de ese mismo año algo lo cambió todo: George Howe, uno de los colonos, fue asesinado en la playa cuando fue a recoger cangrejos. Mal augurio. «Croatoan», era el murmullo que comenzaba a sonar.

Aquello encendió las alarmas de todos y John White, el líder de la expedición, decidió embarcar hacia Inglaterra para alertar a la corona y tomar nuevas decisiones. No obstante, lo que White se encontró fue una Inglatera en guerra con España, por lo cual su diligencia y el viaje de regreso se demoró casi tres años. Tantos colonos habían quedado tan lejos, la angustia que debió haber vivido White no tiene nombre. «Croatoan, Croatoan», pensaría durante las noches.

Al volver, White encontró la colonia desolada. Ninguno de sus compatriotas que se habían quedado en Croatoan apareció, pero no era solo eso. Había algo raro en todo eso, y es que no solo no había nadie, tampoco había cuerpos, no había rastros, no había absolutamente nada que indicara cómo desaparecieron las personas.

Ni marcas de violencia, ni de batallas, ningún rastro de sangre. De hecho, las casas estaban en perfecto estado, las mesas en sus lugares, solo algunos graneros parecían afectados, pero no parecía ser obra de hombres, sino de la naturaleza y del tiempo. Solo existía la palabra Croatan, tallada en un poste.

Y en un árbol el comienzo de otra, solo el «Cro», aquella mano no alcanzó a más, no le dieron las fuerzas para escribir Croatoan, o quizá tuvo que salir corriendo inesperadamente. Si bien no había indicios de batalla, tampoco los hubo de carencia, ni señal alguna que indicara a los ingleses qué había pasado con los colonos que habían quedado en la isla. Nunca quedó claro lo que ocurrió. 

De hecho, la expedición que desembarcó en Roanoke no tuvo mayor tiempo de investigar, pues al poco tiempo de haber desembarcado les ocurrió algo completamente extraño: se formó una inmensa bruma y la lluvia cayó como nunca antes la habían visto caer, y la tormenta fue tan intenta y brutal que la única solución que encontraron los ingleses para no perder sus barcos fue volver a embarcarlos y alejarse lo más rápido posible de la isla.

Nunca supieron qué les ocurrió a sus compatriotas. Investigaciones posteriores Después de la partida de White, fueron muchos quienes se aventuraron a desembarcar en Roanoke y volver a toparse con el cartel en el que se leía: «Croatoan». El objetivo de todos era descubrir qué había pasado con el primer asentamiento inglés, pero, por más que lo intentaron, nunca nadie dio con el paradero de aquellos más de 100 hombres, mujeres y niños que habían quedado atrás.

Nunca los encontraron, no se habían desplazado a otras tierras, ni parecían haberse integrado con ninguna tribu nativa, ni mucho menos se encontraron pruebas de que los Croatan fueran responsables de la desaparición de todos aquellos hombres.

Todo lo que se supo fueron especulaciones y leyendas, y todos aquellos hombres se convirtieron en un gran enigma de la historia. Pese a todo, el misterio  se han encontrado distintos objetos de la época a una distancia de unos 80 kilómetros de donde había estado ubicado el antiguo asentamiento británico en Roanoke.

Esto, sin duda, ha venido sorprendiendo a todos aquellos que daban la desaparición de los ingleses como uno de los grandes misterios de la historia, y ha llamado la atención de muchos investigadores.