Los arrogantes jamás lo hacen…

En abril de 2019 se estrenó una película muy esperada por mi hijo y por los fanáticos del universo Marvel, 'Avengers: Endgame'. Esa noche después de impartir el seminario, partimos hacia el cine; recuerdo a Héctor con su sonrisa, emocionado, admirando su guantelete y contándome las aventuras de sus héroes.

Un recuerdo transformado

La película sobrepasó las expectativas de quienes acudimos al cine, hubo una frase que me dejó reflexionando, que al escribir la nota y buscar la escena para tener la referencia fresca, caí en cuenta que le había dado una interpretación y la recordaba como si fuesen las palabras de quien creí las había pronunciado.

La escena es cuando Gamora (Hija de Thanos) recibe a su Padre; ella le dice: "no sospecharon nada"; el Titán Loco, como lo conocen, le responde: "los arrogantes jamás lo hacen". Cuando escuché esto, no pude evitar recordar la conducta que al parecer muchos seres humanos adoptamos ante determinadas circunstancias de la vida.

La superioridad del Yo y la sexualidad

La omnipotencia del pensamiento es una cualidad psíquica que al parecer acompaña a la vida infantil, por la que toda persona ha transitado; en muchos casos, es el motor para lograr grandes cosas, pero así mismo es la causante de fracasos y penas, pues lleva a los sujetos a reforzar la arrogancia.

En muchas ocasiones, cuando los individuos se fijan un objetivo, principalmente en aquellos donde está inmiscuida la sexualidad y el amor, eventualmente no consideran las consecuencias negativas que ello puede acarrearles, al estilo del pensamiento “a mí no me va a pasar eso”. Cuando se realiza el análisis a partir de lo sucedido, se descubre que tuvo una función en el acontecer psíquico.

El esclarecimiento

Dicha explicación, Freud la alcanzó al dividir la personalidad psíquica en tres instancias: Ello, Yo y Superyo; esto no sin el decir de sus pacientes y una escucha no moralizante. Es el Yo quien al tener que dar trámite simultáneamente a tres exigencias: las de su propio mundo interior (El ello), las del mundo exterior; y las de la tercera instancia que vive dentro de él y que ha sido motivo de múltiples confusiones teóricas, el Superyo, de quien su rostro más conocido es el sancionador (la conciencia moral).

Es así que la arrogancia cumple su función, les abre a los individuos la posibilidad de alcanzar ese plus de placer, que las más de las veces se encuentran en el mundo de lo prohibido. El Yo queda ciego y caprichoso, sin importar que el Superyo lo espere a su retorno para reprocharle de la manera más severa; esta es una pequeña parte de lo que llamamos angustia.

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