Personal de la salud en Oaxaca da pelea a COVID-19

Portando bata, careta, cubrebocas y guantes, así visten los nuevos héroes y heroínas de México, personas que día a día exponen su vida en medio de la batalla contra el virus SARS-CoV-2 (COVID-19).

La jornada ha sido difícil, y entre el desgaste, la impotencia y el cansancio a más de cinco meses de lucha, llaman a la población a asumir con responsabilidad y tomar en serio las acciones preventivas de contagio para evitar llegar al hospital.

“Nos dicen que somos la primera línea del fuego, pero no es así, nosotros somos la última, cuando hay que pelearle el paciente a la muerte. La primera línea tendría que ser la ciudadanía con la prevención”, señala José Luis Chávez Clemente, enfermero en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca (HRAEO) quien forma parte del personal contratado por el INSABI de manera específica para esta batalla. 

 

Al tener la especialidad en cuidados intensivos, José Luis ha estado en contacto directo con pacientes críticos por COVID-19. A lo largo de este tiempo ha ayudado a muchos pacientes a recuperar su salud y también a bien morir.

“Una de las experiencias que me marcó mucho fue la primera defunción que me tocó presenciar. Me sentí muy triste porque era una persona joven, con un futuro por delante, era padre de familia con hijos chicos (…) murió solo, aislado de sus seres queridos, lo único que pude hacer es darle el acompañamiento. Estuve con él para ayudarlo a bien morir, a que tuviera una muerte digna. La bibliografía nos dice que el oído es el último sentido que se pierde. Me puse a orar por él y lo acompañé en ese proceso de la muerte ”.

Somos seres humanos y tenemos miedo

Erika Carballido Cruz trabaja en el HRAEO desde hace 14 años, actualmente está asignada como enfermera al área de urgencias COVID-19, una de las más riesgosas a contagio por ser en este lugar en donde los pacientes son intubados. 

 

“Ha sido un proceso nuevo, difícil, de adaptación y miedo que nos ha llevado a una nueva forma de convivencia con nuestras familias, de habitar en nuestro hogar porque todo cambió”.

Su esposo, también enfermero, está asignado al área de terapia intensiva del HRAEO por lo que, en la familia, el riesgo de contagio es doble. Bajo esa condición desde el inicio de la pandemia tuvieron que separarse de su hija. El contacto sólo es vía telefónica desde hace varios meses.

“Fue un proceso muy duro para ella, los primeros días lloraba, le costó trabajo porque ella tenía mucho miedo por nosotros. El proceso ha sido muy duro, hemos dejado de verla para evitar contagiarla”, expresa.

Así, en medio del sacrificio que representa para el personal de salud, Erika no se asume como heroína sino como una enfermera que realiza su trabajo. 

“Somos seres humanos y tenemos miedo, todos los días, en mi persona tengo miedo de infectarme, tengo miedo de infectar a mi familia. El miedo siempre está latente, en todo momento”.

A la par del miedo, también impera la impotencia de ver personas que no se cuidan en la calle. “Aquí ves tantas cosas e historias. Hay pacientes que entraron al hospital y no volvieron a ver a su familia, pacientes que te pedían hablar con su familia y representa llorar junto con ellos. Gente que se despidió y no los volvieron a ver porque con el paso de los días se fueron agravando hasta que fallecieron y es increíble que aún haya personas que no crean que esta enfermedad es real”, expresa.

Dentro de estas experiencias, Erika recuerda una en particular, el fallecimiento un matrimonio quienes fueron contagiados durante una reunión con sus hijos el Día del Padre. 

“Esto fue muy triste y nos hace reflexiona que por no celebrar un cumpleaños o un día del padre no nos va a pasar nada, que por no juntarnos para celebrar un 15 de septiembre no nos va a pasar nada, al contrario, estamos viviendo un año muy difícil. Es más valiosa la vida”.

Somos trabajadores no reconocidos

Norma Jerónimo Gómez es enfermera especialista en cuidados intensivos, actualmente jefa de servicio del área de terapia intensiva en el Hospital General Presidente Juárez del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

Junto con Sara Vázquez García, Leticia Pérez y Sofía Santiago integró el protocolo de cuidado del personal de enfermería en área de atención de COVID-19 teniendo como antecedente la formación en manejo de pacientes aislados. 

Afrontado el primer reto, otro más quedó en puerta con el decreto presidencial que envió a resguardo a quienes tuvieran enfermedades crónico degenerativas y mayores de 60 años, lo que implicó reducir la plantilla a un 50 por ciento y en consecuencia una carga mayor de trabajo.

“Ha sido difícil, pero nosotros pensamos siempre en proteger, ese es nuestro trabajo y así es como lo hemos hecho la mayoría que trabajamos en esto (…) Una heroína no soy, me considero una enfermera que cumple con su función de cuidados únicamente. Las enfermeras y enfermeros no somos héroes, somos trabajadores no reconocidos por la población, de lo contrario se cuidaría para no llegar al hospital y exponer a los demás”.

Si bien ni Norma ni ningún otro integrante de su familia ha enfermado de COVID-19, con más de cinco meses de trabajo en el combate de la pandemia, han dejado huellas en su salud emocional.

“Hemos perdido algunos compañeros jubilados, compañeros que vienen de otras unidades, esto es muy doloroso porque nos volvemos una familia en el trabajo. Yo quisiera que la gente entienda la magnitud de esto”.

Seguimos luchando

Gloria Lucía Juárez Pérez desde hace más de 10 años trabaja como enfermera en el HRAEO, vivir de manera cercana la pandemia ha reforzado la convicción de su profesión: ayudar a cuidar la salud de los pacientes, labor que -asegura- realizará el tiempo que sea necesario hasta que haya una vacuna que aminore el número de contagio.

“Seguimos con el trabajo, seguimos luchando y no vamos a parar hasta que surja la vacuna. Sabemos que la enfermedad se va a quedar, vamos a seguir teniendo brotes, pero nosotros vamos a seguir haciendo lo que sabemos, ayudar a nuestros pacientes”.