Leal repartidor

…Le pedí me contara más.

-Sé que Roberto se marchó con profunda pena, intuía que sus rosas jamás florecerían. Confesó que el llevar rosas era una forma de manifestar su cariño, mas no por costumbre, mucho menos por conseguir reconocimiento o porque existiera algún tipo de apego patológico. Jamás supo si eran recibidas con agrado.

Una noche llamó Estefanía; sollozando, mencionó que extrañaba a su leal repartidor de rosas. Se sentía desconcertada, no lograba comprender qué había sucedido.

Lo buscó con familiares, amigos, colegas de trabajo, nadie daba razón. Tenía muy presente aquellas rosas y que nunca le mencionó a Roberto lo hermosas que eran y lo mucho que significaban para ella.

Después de un año, encontró al proveedor de rosas al cual Roberto le compraba. El florista logró darle una esperanza, recordó que todos los lunes acudía con gran alegría un joven; en una ocasión comentó que se marcharía donde florecieran las rosas más bellas.

Muy entusiasmada, Estefanía mencionó: ¡lo encontré!, me iré a Ecuador, he investigado y sé que en la ciudad de Cayambe se producen las rosas más hermosas, seguramente ahí está mi leal repartidor…

Al terminar de escuchar la narración de doña Loli, me surgieron algunas interrogantes:

¿Cuántas rosas se marchitaron?

¿Las agresiones de la señora Loli, realmente fueron efectivas?

¿Qué extrañaba Estefanía? ¿Su repartidor, las rosas o la sensación que le producían?

Finalmente, recordé una frase del cortometraje español "Un Instante" de Adrià Guxens.

“Tenemos un temor extremo a sentir y a decir por no sufrir cuando, en realidad, ya estamos sufriendo por no sentir, ni decir".

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