Hanni Sager dona su casa a centro comunitario para apoyar a personas con discapacidad, niños y niñas

Cuando Hanni Sager fue diagnosticada en un hospital de Canadá con distrofia muscular, una enfermedad que provoca debilidad progresiva e impide caminar, mover los brazos, respirar, que atrofia la columna vertebral, genera problemas cardiacos y de deglución, entre otros, solo tuvo una idea: el suicidio.

Nunca pensó que la pintora Frida Kahlo y Oaxaca le salvarían la vida y, sobre todo, le devolvieran la alegría de vivir.

“Yo un día tuve un colapso y despierto en un hospital con el diagnóstico de distrofia muscular y, entonces, solamente quiero el suicidio. Con esta enfermedad se muere muy joven y conmigo no sé qué pasó. Una amiga que regresaba de Nueva York después de ver una exposición de Frida Khalo, en los años 70, me dejó un libro en la cama y le pidió que lo leyera, era la biografía de la pintora. Al principio no lo quería ni ver, pero después lo fui leyendo y me dije: ¡Qué mujer! Lloré toda la noche y el día, y entonces dije que si ella continúo con su vida a pesar de la adversidad, es posible que yo también continuara”.

Añade que en 1979 otra amiga la invitó a visitar México, San Miguel de Allende, pero inmediatamente después viajó a la capital del país para conocer la casa de Frida Kahlo, en Coyoacán.

La llegada a Oaxaca 

Hoy, a los 82 años de edad, en su silla de ruedas, con dificultad para hablar, brazos rígidos y manos atrofiadas por la enfermedad, la mujer originaria de Suiza, con nacionalidad canadiense y mexicana, rememora que tiempo después visitó Oaxaca, específicamente Zipolite, donde se dedicó un tiempo a apoyar a los niños discapacitados.

“Porque yo soy como ellos, una discapacitada”.

Con viajes intermitentes a Canadá, donde trabajaba y buscaba apoyos para los niños discapacitados, expresa que posteriormente colaboró con Palma Palmera, a quien donó un terreno para el desarrollo de su actividades; la asociación Canica y el Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl, en Zimatlán de Álvarez, donde conoció al actual diputado Othón Cuevas Córdova.

Ella a pesar de su enfermedad ha dedicado más de 25 años de su vida a apoyar a niños discapacitados, niños en situación de calle, el fomento de actividades agrícolas sin químicos, talleres de juguetes tradicionales, la preservación del medio ambiente y la promoción del arte oaxaqueño, “porque en Oaxaca hay mucha cultura”.

El callejón de los ensueños

Con el tiempo, la también artista textil adquirió un predio en la agencia municipal de San Agustín Etla para trasladarse definitivamente de Canadá a Oaxaca.

“Yo comencé la construcción del Callejón de los Ensueños después de tres años de comprar el terreno, aquí venía yo a arrancar raíces porque el predio estaba horrible. Yo recogía las piedras para construir la casa y por eso hice un jardín de piedras que me traen mis amigas de diversos países, de Japón, de Nicaragua, de Suiza, de todo el mundo. Dos días antes de cumplir 60 años registré el terreno, pero no tenía dinero para construir, así que cada año venía a Oaxaca”.

En el corredor de una amplia casa, de diseño austero pero funcional, Hanni Sager dice que ella misma diseñó la casa, contrató a la arquitecta y supervisó la construcción de dos plantas, que ocupan su recámara, cocina, sala comedor y, en la planta inferior, el taller del juguete tradicional.

Todo rodeado de plantas, flores y grandes árboles.

En el patio frente a la cochera se ubica el pequeño altar a Frida Kahlo, elaborado sobre tabiques de adobe y que preside una pintura de la artista mexicana.

Alrededor destacan una docena de matas de plátano, que parecieran no tener ningún significado, pero por el contrario, son una lección de vida.

“En Suiza durante la guerra comíamos un plátano al año, entonces mis alumnos decidieron sembrar los plátanos para que pueda comer uno cada día”.

La donación 

Ataviada con un rebozo rojo en torno a su cuello, blusa tradicional de la Cuenca con bordados de pájaros y flores chinantecos muy coloridos, pantalón de color café y zapatos en el mismo tono, sin ninguna vacilación, manifiesta que le gusta mucho su casa pero además desea que cuando ella haya desaparecido siga funcionando con sus ideas, es decir que sea un espacio donde se realicen actividades para restaurar la naturaleza, que se siembre sin químicos, preservar los juguetes tradicionales, apoyar a los discapacitados, promover el arte y cultura de Oaxaca.

De tal manera, anuncia, que ha decidido donar su casa, El Callejón de los Ensueños, al Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl, que preside Cuevas Córdova.

“Pues yo quiero que la casa siga prestando servicios cuando yo me vaya”.

“Mi filosofía es que si tú cada día abrazas a un niño, a una niña, a un animal, una planta, si siembras una semilla, el mundo es bien y esto es muy bueno. Cada día hay algo que me hace feliz, que me hace crear, pues nada es gratis, yo trabajo mucho, pero lucho y gano, por eso esta casa debe preservar este espíritu, siempre hay que seguir luchando”.