Lauderos “reparan” equipo y tejido social

Atajan violencia y marginación en Zaachila-Coyotepec

ATENTOS a la clase.

LA LAUDERA de la escuela.

LAS MANOS musicales.

VILLA DE ZAACHILA, Oax.- Hasta no hace mucho tiempo, Patricia García García, una indígena zapoteca, originaria de San Mateo Piñas, trabajaba en el campo como otras tantas niñas y adolescentes de su pueblo para colaborar en el ingreso familiar. Aunque poco tiempo después debió dejar la comunidad para trasladarse a la ciudad de Oaxaca y tratar de cumplir su sueño: estudiar una carrera, pero solamente pudo terminar el bachillerato por la escasez de dinero, especialmente por el fallecimiento de su padre.

Por esa penuria, llegó a vivir a la casa de una prima en la colonia Vicente Guerrero –asentada en la periferia de un enorme tiradero de basura a cielo abierto–, que pertenece a este municipio, pero eclesiásticamente a la parroquia de San Bartolomé Apóstol, de San Bartolo Coyotepec, donde se volvió a encontrar con una sus pasiones de niña al conocer la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia, fundada a instancias del presbítero, José Rentería Pérez, con el auspicio de la fundación de Air France.
Sin embargo, no se interesó por volver a tocar el clarinete, sino ahora por la reparación de los instrumentos de viento. Aprendió pronto la teoría y la práctica en los cursos impartidos altruistamente en el mismo centro de enseñanza por la francesa Mallory Ferreira y el argentino Alejandro Raúl González.
Por esos conocimientos fue becada por la aerolínea para estudiar en el prestigiado Institut Technologique Européen Des Métiers de la Musique  (Instituto Tecnológico Europeo de Oficios de la Música), con sede en la ciudad gala de Le Mans, donde terminó sus estudios, a pesar de aprender apuradamente el francés y el inglés. Y así, a su regreso, ha pasado a ser la laudera o luthier de la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia. 
“Después del establecimiento de la escuela y de la conformación de la banda de música, la creación del taller de reparación constituye un gran paso”, afirmó el sacerdote Rentería Pérez.
El padre José, seguidor de la opción preferencial por los pobres y discípulo del quinto arzobispo de Oaxaca, Bartolomé Carrasco Briseño, explicó que el taller de reparación resulta de gran importancia porque ahora el mantenimiento y la compostura no serán más un gasto para los padres de familia.
“Eso es lo importante, porque estamos en una colonia donde predominan la pobreza y la marginación”, asentó.
Subrayó que el taller de reparación cubrirá aspectos importantes del centro de enseñanza porque la laudera o lutier recibió enseñanzas de una institución de mucho prestigio internacional, pero también por su conocimiento musical.

Une talento y sagacidad
“Aparte de lo que aprendió, ella, como parte de una familia de músicos, sabe de instrumentos y entiende de esto”, anotó.
Además, destacó que el esfuerzo de la indígena zapoteca para terminar su preparación fue grande porque, sin contar con los estudios profesionales y hablar previamente el francés o el inglés, se graduó con una tesis en las dos lenguas.
“Eso es admirable; los oaxaqueños tienen mucho talento y capacidad. Es impresionante; el asunto es que solamente se les brinden las oportunidades”, recalcó.
Resaltó que el aporte de la fundación Air France, obtenido a través de Isabelle de Boves, una piloto de un Airbus A380 –sobrina de la religiosa Nicolle Villier, integrante de Las Hermanitas de Jesús, una congregación de religiosas contemplativas, con trabajo en la colonia–,  ha sido significativo porque ha generado una solidaridad internacional hacia el centro de enseñanza, pero también es importante el esfuerzo de los padres de familia día con día.

Opción contra la violencia
“Es un trabajo que inició el maestro Camerino López Manzano, (un indígena zapoteco, originario de Santa María Yaviche, perteneciente a Tanetze de Zaragoza); ahora son seis profesores, pero todos cobran una cuota simbólica, aunque hay papás que con mucho esfuerzo la ponen”, refirió.
Afortunadamente –aseveró–, la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia ha alejado a los niños y adolescentes del mundo de la violencia y de vicios en las calles.
“La escuela tiene más o menos 130 alumnos; aquí reciben formación musical, pero también humana, que es algo importante porque es una propuesta diferente de desarrollo personal en un lugar de marginación, de violencia y de drogadicción. Ha tenido, un gran impacto en una colonia así porque ha creado vínculos en la familia y ha generado una amplia repercusión social. Estoy muy contento por las bendiciones que Dios nos ha dado”, añadió.
–Normalmente los sacerdotes se dedican únicamente a las cuestiones clericales, ¿por qué apostó usted a esto?
–Antes de ser sacerdote, fui diácono 20 años, trabajando en las comunidades; es imprescindible promover la pastoral social porque es una expresión concreta de lo que significa Evangelio. La proclamación del Evangelio pasa necesariamente por lo social.
–¿Es la semilla sembrada por Bartolomé Carrasco?
–Ciertamente, de él aprendimos este acercamiento con comunidades, ese vínculo con la gente y con la gente más sencilla.
Nota anexa
Abrirse al mundo
VILLA DE ZAACHILA, Oax.- “A la ciudad de Oaxaca, llegué en el 2007 a estudiar el bachillerato; terminando, empecé a trabajar en una tienda de artículos de belleza, después entré a la universidad a estudiar enfermería, pero debido a la economía, principalmente porque murió mi papá, tuve que dejar la escuela.
En el 2013, me vine acá, a la colonia, a la casa de una prima; ella fue quien me invitó a la escuela porque su hija es integrante, una de las fundadoras.
En ese año, como en mi pueblo estudié y ejecuté el clarinete, me interesé en participar en talleres de reparación que impartieron la profesora francesa Mallory Ferreira y el argentino Alejandro Raúl González.
Después, entre 14 compañeros, me eligieron para ir a Francia porque, según los profesores, era responsable y reproducía lo que hacían. Ingresé al Instituto Tecnológico Europeo de Oficios de la Música el 3 de septiembre de 2014 y terminé en junio de 2015; llegando allá presenté un examen (de admisión), pero como había tomado cursos aquí, pasé al segundo año directamente.
Aquí estudié una semana de francés, pero no aprendí mucho; al llegar estudié un mes en la Alianza Francesa de París y aprendí lo básico. Al final, casi aprendí hablar correctamente el francés y lo necesario para reparar los trombones, las trompetas, los clarinetes, las flautas, los oboes, los flautines, las tubas, entre otros instrumentos, que normalmente se descomponen de las zapatillas, de los corchos, de los resortes y de las agujas. En definitiva, me quiero dedicar a esto; aquí me dan un pago simbólico, pero como me ayudó la fundación, ahora estoy obligada a retribuir a la comunidad”: Patricia García García, 25 años de edad.