Ante la falta de suministro de agua, familias se abastecen de un ojito de agua en Atzompa

Hay un dicho popular entre la gente, que dice “Dios da para todos”. Y particularmente en este lugar, enclavado en el municipio de Santa María Atzompa, cerca de las colonias Guelaguetza y La Asunción, hay una creencia que remite a esta frase.

Aquí, pareciera como si el tiempo no hubiera pasado, pues el ojito de agua que se encuentra en esta zona, recuerda pasajes de la historia prehispánica en donde los asentamientos de las civilizaciones antiguas echaban mano de la naturaleza para satisfacer sus necesidades.

Ubicado en las faldas de la zona arqueológica de Atzompa y a menos de un kilómetro de la carretera que conduce a este lugar, este nacimiento del recurso hídrico es prácticamente un manantial en el desierto de la urbanización en el municipio conurbado.

Padecen desabasto de agua

Y es precisamente esta explosión demográfica, sumada a las escasas y esporádicas lluvias de esta temporada, lo que deja al descubierto un problema que aqueja a una parte de una demarcación ubicada en la zona conurbada de la capital del estado: el desabasto de agua.

Más allá de que sea propiedad del municipio, de las colonias, de la gente, el ojito de agua no es más que la esperanza de decenas de familias que, ante la escasez del líquido en la entidad, recurren a la naturaleza ante la inoperancia de los organismos gubernamentales para suministrarles el recurso.

“El recurso hídrico depende principalmente de la recarga de los acuíferos mediante la lluvia; si no se tiene lluvia suficiente, a la larga este nacimiento de agua tenderá a secarse. Mientras perdure el escurrimiento, no importa de dónde lleguen las personas, siempre habrá para todos, aún con el riesgo de que las personas que se consideren con el derecho puedan reclamar y puedan bloquear el acceso de personas fuera de la zona del ojito de agua”, comentó Pedro Celis, especialista en temas ecológicos.

En ese sentido, vecinos de la colonia Guelaguetza que acuden día con día hasta el lugar de nacimiento del agua, aseguran que hay ocasiones en las que el nivel de abasto es preocupante, por el hecho de que las lluvias han sido pocas y antes hubo estiaje.

“Hubo escasez no hace mucho, unos dos o tres meses que de plano el chorrito era muy, muy delgadito, entonces la gente venía con muchos garrafones y venía mucha gente de fuera; por eso es que los vecinos como que no estuvieron de acuerdo en eso, pero la verdad es que con las lluvias, el chorrito ha aumentado”, comentó una vecina de la colonia Guelaguetza.

Esta situación dio para suponer que el acceso a personas ‘externas’ o de zonas alejadas podría restringirse, pues llegó un momento en que el agua no era la suficiente siquiera para abastecer a los asentamientos aledaños.

Sin embargo, como contó la mujer que pidió omitir sus datos, “el agua ahí está, mientras haya agua y Dios nos dé, pues cualquiera puede agarrar. Aquí la cuestión es que a veces venía gente de fuera y traía muchos galones y los llenaban para venderlos. Es ahí en donde estaba el inconveniente”.

Incluso, relató la declarante, hace poco hubo un tequio para rehabilitar el área, pues desde hace 31 años, tiempo que ella y su familia llevan viviendo en la colonia Guelaguetza, el esplendor del ojito se había ido perdiendo.

 

Agoniza el ojito de agua

Cabe señalar que, según testimonios de algunas personas, en este lugar hace alrededor de 30 años, había pozas de agua cristalina en las que se podía nadar, además de una enorme cascada en donde la gente se bañaba. Animales como conejos, principalmente, se podían ver entre los pastizales que allí crecían.

De la belleza natural que poseía este lugar, poco queda, sin embargo, todavía es posible conservarlo y mantenerlo en óptimas condiciones. Incluso, Pedro Celis aporta sugerencias para implementar en este lugar.

“Una medida inmediata es reforestar la zona con árboles endémicos, de tal manera que se propicie la recarga de los mantos acuíferos y desarrollar un programa de conservación de la zona de la microcuenca”, dijo.