Padres de familia sufren por el sistema de clases virtuales de sus hijos en Oaxaca

En su infancia, Aura Luz nunca pudo inscribirse a la escuela, su padre jamás se lo permitió bajo la errada idea de que las mujeres no sirven para el estudio. Leer y escribir es algo que a sus 35 años de edad le cuesta trabajo. Sin esa habilidad, “¿Cómo voy a poder ayudarles?”, se cuestiona con la angustia del próximo inicio del ciclo escolar 2020-2021 que arrancará a distancia debido a la presencia de la COVID-19.

Además de contar con un sólo televisor para el desafío de aprender en casa, se enfrenta al analfabetismo. Con una hija en secundaria, uno en primaria y otro en el kínder, aclara dudas, reforzamiento de temas o ayuda en tareas.

“El ciclo escolar pasado se nos complicó mucho. Teníamos un celular para todos, le daba el teléfono a ella para que hiciera tareas, con el de primaria avanzaba un poco, con el de prescolar avanzaba, cuando podíamos. Así estuvimos. Para mí fue muy complicado, sobre todo porque yo no sé leer”, señala.

En Oaxaca, cerca de 371 mil 944 personas, de 15 años y más, son analfabetas, lo que representa un índice de analfabetismo del 13.3%, por encima de la media nacional que es del 5.5%. Con estas cifras, la entidad al igual que Chiapas y Guerrero, concentran los mayores índices de analfabetismo. Sumados con Puebla, Michoacán, Veracruz, Hidalgo, Estado de México, Jalisco y Guanajuato, agrupan el 70% de la población que no sabe leer ni escribir en el país.

Aura carga con la jornada escolar y las labores domésticas, lo que ocasiona en las mujeres mayores cargas de trabajo y déficit de tiempo.

Cuando Aura Luz escuchó en las noticias que el ciclo escolar nuevamente sería a distancia, no pudo evitar preocuparse. “Le dije a mi esposo: no puede ser que sea así otra vez, se me complicó muchísimo. De esta manera siento que no aprenden adecuadamente como cuando van a la escuela”.

“Yo no sé leer, entonces no puedo explicarle bien a mi hijo; tengo que buscar quien les explique. Yo me siento impotente porque ¿cómo le hago?”, cuestiona y recuerda que a los 11 años de edad su madre la inscribió al primer grado de primaria. “Él se enteró, le pegó a mi mamá y nos sacó de la escuela, por ese motivo ya no estudiamos, sólo un hermano que llegó hasta sexto grado. A veces, veo los libros y sólo veo garabatos”.

Aura y su familia viven en la colonia Lomas de San Jacinto, una de las zonas marginadas de la capital del estado, en donde enfrentan una deficiente señal de televisión y radio y la carencia de herramientas.