Textiles chiapanecos con estilo y tradición para los nuevos días

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Con la finalidad de fomentar la inclusión del arte popular mexicano en la vida cotidiana de las personas, el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) comercializa, de manera digital, una colección de 25 conjuntos únicos que incluyen cubrebocas artesanales y complementan con una diversidad de objetos como juguetes, rebozos, piezas de barro o fibras vegetales.

En la colección, el trabajo de artesanos chiapanecos está incluido. Son nueve comunidades de tradición textil que participan: Zinacantán, Chiapas; Santo Tomás Jalieza y San Pablo Villa de Mitla, Oaxaca; Aranza y Tzintzuntzan en Michoacán; Cuetzalan del Progreso, Puebla; Malinalco y Tenancingo, Estado de México; y Temozón, Yucatán.

Se encuentran y complementan con la diversidad y riqueza de ramas artesanales, como fibras vegetales, metalistería, alfarería y cerámica, textiles, entre otras, pertenecientes a 11 estados del país. De esta manera, entre la pluralidad en técnicas y cosmovisiones, como parte de un lenguaje artístico único compartido florecen en una sola composición.

Con la adquisición de piezas, el público contribuye a la preservación y fomento del arte popular mexicano.

En el caso de los cubrebocas, se comercializan más de 2 mil piezas. El proyecto de elaboración nace con una alternativa al incremento en la demanda de material sanitario de protección derivado de la actual contingencia.

Para la elección de artesanas y artesanos participantes en el proyecto se consideraron ciertos criterios, como que sean talleres de los Corredores Artesanales, puesto que su producción cumple con el Sello Moderniza, distintivo que sólo se otorga a quienes acatan los estándares de calidad establecidos por la Secretaría de Turismo, reseña el Fonart.

Además, que se trata de artesanos que se desempeñan en un ambiente familiar y cubran los requisitos de higiene y calidad. Cabe destacar que el hecho de ser talleres familiares facilitó a creadores elaborar los cubrebocas sin desplazarse de sus comunidades.

“Mediante asesoría a distancia ofrecida por el Fonart, se acompañó a artesanos en la fabricación de los cubrebocas desde la adquisición de la materia prima, hasta aspectos técnicos como forma y tamaño, así como resistencia y calidad de los cubrebocas. Por su parte cada uno de los talleres imprimió su impronta cultural que nos hace únicos y distinguen en un producto generalizado, manteniendo en todo momento los cuidados de higiene requeridos.

“En cuanto a su confección, los cubrebocas elaborados son de dos a tres capas dependiendo de la técnica con lo que se realizaron. Las piezas de dos capas se tejieron en telar de cintura y/o pedal, donde la tensión de los hilos de algodón permite tramar una tela muy cerrada que evita el paso de micropartículas; la otra capa es de una tela de algodón con un tejido más fino que resultara cómodo para la persona portadora y que, al mismo tiempo, fungiera con una segunda capa protectora.

“En el caso de cubrebocas de tres capas se vigiló que la selección estuviera constituida por mantas de algodón, sobre la cual, en la parte externa se realizó el bordado; a esta capa se añadieron dos más del mismo material o, en algunos casos, dos capas de la tela y, en medio de ellas, el pellón que actúa como filtro.”

Cabe señalar que los cubrebocas fueron sometidos a simulacros de filtración para garantizar su seguridad, como soplar la flama de un encendedor y que no se apagara; así como la aplicación de aerosol, el cual debía ser contenido al momento de entrar en contacto con los materiales. Su calidad está comprobada.