Así se llevan a cabo las ceremonias religiosas durante la pandemia en CDMX

En la Catedral Metropolitana
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En medio de todas las medidas de seguridad sanitaria, fieles toman misa en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

CIUDAD DE MÉXICO.- En medio de todas las medidas de seguridad sanitaria, fieles toman misa en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

La entrada de la reja exterior es resguardada por dos elementos de la Guardia Nacional, quienes dan gel desinfectante a los visitantes y hacen una primera revisión de la temperatura, para evitar el ingreso de personas con fiebre, uno de los síntomas de COVID-19.

Una vez pasado ese filtro, al entrar al recinto los fieles son revisados a distancia mediante una cámara térmica operada por personal de la Catedral, que registra en tiempo real la temperatura corporal.

Ya en la nave principal, las largas bancas para cinco personas están marcadas para que sólo sean ocupados los dos asientos de los extremos.

Las filas de bancas también fueron espaciadas y las sillas adicionales que se colocan resguardan la sana distancia.

Quienes entren al templo tendrán que portar todo el tiempo su cubrebocas y si estornudan se les pide hacerlo cubriéndose con la parte interna del codo.

Este domingo, el Obispo auxiliar de México Carlos Samaniego ofició la misa de mediodía.

Él y todos los prelados, monaguillos y asistentes llegaron con cubrebocas.

Algunos, incluido Samaniego, se retiraron la protección bucal para hablar.

En el segundo domingo de misas desde que inició la contingencia por el nuevo coronavirus, el Obispo reconoció sentir alegría por volver a oficiar misas.

"Sepan que a los sacerdotes que estamos aquí también nos ha hecho falta el tiempo de Cristo, que es la iglesia, el pastor no se entiende sin sus ovejas, por eso qué alegría cuando nos han dicho vamos a la casa del Señor", expresó.

 Durante la misa, Samaniego pidió por las personas que han padecido COVID-19.

Aún con muchos menos lugares disponibles, la Catedral estuvo lejos de llenarse de fieles.

La mayoría de los que acudieron eran adultos mayores, varios de ellos con visibles problemas de salud propios de una edad avanzada, quienes se dieron la paz con una leve reverencia y no con un apretón de manos, como se hacía antes de que azotara el nuevo coronavirus.

 

"Sepan que a los sacerdotes que estamos aquí también nos ha hecho falta el tiempo de Cristo, que es la iglesia, el pastor no se entiende sin sus ovejas, por eso qué alegría cuando nos han dicho vamos a la casa del Señor".

Carlos Samaniego, Obispo auxiliar de México.