Cuando seas grande: interrogante y angustia

CONSULTORIO DEL ALMA, CUENTA CONMIGO

Cumplí los 12 años y con ello, el último ciclo escolar de la primaria llegó a su fin, tuve que bailar el vals; -hace poco tiempo que volví a ver esas fotos- me apreciaba como el más tonto aquel día; vestido con el pantalón color café, la camisa beige manga larga y el moño que escogieron las madres de familia y qué decir al momento de bailar, no me sentía el más virtuoso.

Sin muchas opciones

No tuve opción de escoger la secundaria a la cual me inscribirían, fue la misma a la que ingresaron mis hermanas años antes. Nos aplicaron dos exámenes, una vez aprobado el de admisión, nos realizaron el psicométrico; este último, para que nos asignara,n el taller que nos correspondía, de acuerdo al resultado.

Siempre fui distraído, supongo nos dijeron para qué sería tal examen, pero no puse atención, lo supuse al momento de responder, por las preguntas que venían en él y los cuatro talleres que brindaba la escuela: dibujo técnico, corte y confección, secretariado, máquinas y herramientas. Hubiera respondido para corte y confección, pero de imaginar la reacción de mi padre opté por responder para que me tocara máquinas y herramientas. Ahí supe que tales exámenes para niños como yo, no funcionaban; por otro lado, me tocó escuchar a niñas y niños molestos porque no les tocó el taller que ellos querían.

El final de la niñez

Mis últimos años de ser niño fue una etapa maravillosa; algunos profesores me recriminaban no seguir el ejemplo de mis hermanas y primas, quienes fueron alumnas destacadas; a pesar que fui bueno en Matemáticas y Ciencias Naturales, no era mi interés sacar buenas notas.

En el primer grado me ví forzado a concursar en ambas materias. En Matemáticas, por no darle gusto al maestro de que ganara su favorita; a los tres alumnos con el promedio más alto nos realizó tres exámenes con el pretexto de seleccionar al mejor, el primero y el tercero los gané. En Ciencias Naturales fue diferente, creo era el favorito de la maestra; el examen lo realizaron a la hora del recreo, no sabía que mi promedio era el más alto, así que no asistí y la maestra mandó por mí; cuando llegué intentó convencerme que lo realizara y no pude negarme.

Las sorpresas de la vida

Ciencias Sociales, Lectura y Redacción eran mi coco, sólo me dediqué a aprobarlas. Por otro lado, en el taller de Máquinas y herramientas tuve casi un diez perfecto al finalizar la secundaria, de no ser que en la octava unidad de tercer año saqué un nueve. Si algo me produjo angustia en ese entonces, fue el taller que elegí haciendo trampa en el examen psicométrico.

Siguió transcurriendo el tiempo y los demás ciclos escolares; llegaron los 18 años y me encontré con el psicoanálisis, eso cambió mi vida, me convertí en algo que nunca imaginé y esas materias que fueron mi coco, hoy las disfruto sobremanera.

Invitación                                                                                    

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