Lecturas para la vida: Desesperada

Carol va quedándose poco a poco sin vida, su existencia se consume como si tuviera un vampiro pegado a ella o estuviera siendo devorada por una araña que no está dispuesta a dejar en pie más que su cáscara. No es ninguna enfermedad lo que la destruye, sino el estrés de una vida que no le complace y no reconoce como suya. Su esposo se ha ido, dejándola sola en una casa cuya hipoteca no puede pagar, con deudas que cada vez se acumulan más en sobres y llamadas telefónicas que le hacen imposible olvidarlas o al menos ignorarlas.

Kathryn Ptacek, escritora y editora, ha utilizado el tiempo como elemento central en varios de sus trabajos. En el cuento “Desesperada” (1989), este leitmotiv se estira y contrae según la voluntad de la autora para provocar la constante sensación de angustia que con precisión describe el título, tan propia de la adultez que incluso puede rozar el cliché. Toda la acción transcurre en un único día, en el que la depresión por la que atraviesa la protagonista, se entrelaza con una serie de eventos ajenos a su voluntad que la conducen hasta circunstancias límite y decisiones irreversibles. Choques, peleas, despidos y persecuciones se aglomeran en una narración que fácilmente podría corresponder a una película de acción contemporánea.

El relato de Ptacek pone en evidencia no solamente la monotonía involuntaria en la que viven aquellos que no son dueños de su tiempo, los que subsisten al día y no parecen tener otras opciones; también retrata los procesos de pérdida emocional que muchas veces las mujeres se ven obligadas a enfrentar totalmente solas, los cuales se expanden y dislocan con frecuencia otros ámbitos de la vida: el laboral, el económico, el psicológico, etcétera. Claramente, Carol no encuentra en sí misma la fortaleza para salir adelante después de depender tanto tiempo de una pareja, pero la sociedad en la que vive le exige seguir en pie y eventualmente la violencia es la única respuesta que encuentra para no terminar totalmente vacía, sintiéndose como la cáscara de lo que alguna vez fue.

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