Edwin Fierros, el joven pintor oaxaqueño es una promesa en el mundo del arte

La creatividad e innovación, es un talento exclusivamente humano y una característica de los jóvenes talentosos; ese es el caso de Edwin Fierros, quien otorga su propio sello a cada una de sus obras, donde se interrelacionan las ideas, los procesos y la materia.

Este joven pintor nace en San Pedro Pochutla; desde los 5 años aproximadamente, empezó haciendo tejidos, petates, canastos y otras variantes de las artesanías oaxaqueñas, en ese momento imitando a sus abuelos paternos; con el tiempo fue creando escultura, grabado, tejidos, bordados, textiles, decoraciones prehispánicas y cerámica, siempre inspirado en la naturaleza para crear técnicas auténticas, y desde los 19 años lo ha hecho de manera profesional con el nombre artístico de Edwin Fierros.

Poco a poco se ha logrado posesionar entre los artistas oaxaqueños; es una promesa en el mundo del arte, por lo que en sus exposiciones siempre presenta primero sus obras y después sale a escena, porque curiosamente en sus primeras exposiciones, al conocerlo pocos se interesaban en sus obras; es por ello que ahora, las personas que asisten primero admiran su arte y quedan sorprendidos con su juventud.

Edwin es defensor del medio ambiente y hace talleres en comunidades para que las personas de cualquier edad aprendan su técnica en botellas, piedras, canvas, bastidores, y papel.

Fernando Amaya dice de él: son sus afanes, es el gusto por pintar y, finalmente  su vocación de hacedor de maravillas, que pinta sus sueños, quizá para evadir la pesadilla de los insomnios y volcar los colores y los mínimos trazos de sus imágenes tan sugestivas y personales. Lo que empieza por ser un gran desahogo, termina por ser gusto y más allá, arte puro.

Su pertenencia viene de Sierra Norte a Sierra Sur, pasando por el valle de nuestra entidad oaxaqueña, hasta definirse en San Pedro Pochutla, lugar donde vio la luz, esa luz que batalla con las sombras y los brillos para colorear la singularidad de sus telas, vitrales y otras superficies que van desde la piedra hasta la madera, la corteza y el tabique de concreto, la naturaleza especial de la pintura como arte; sabe que en ella hay contenidos importantes para consolidar sus afanes de artista.

Los espacios,  las perspectivas, las líneas y las densidades se aprenden observando el trabajo de quienes representan su legado, que quizá sea dentro de las artes, la más discreta y la más fabulosa; es literatura, es música que no suena, sino en la percepción sensible de la vista, en sus éteres que dan consuelo a cualquier corazón conmovido.

Para hacer de la pintura su vocación, Edwin Fierros ha tenido que acercarse a los grandes pintores, enterarse del proyecto de sus estilos y, algo que para él es de suma importancia, el uso de los materiales que definen y resuelven la tentativa de presentar una obra de lectura convincente, en su afán por producir sin caer en lo recurrente y fácil, ha probado suerte con el óleo, la acuarela, e infinidad de materiales para mejorar su labor pictórica.

Sabemos de su sensibilidad y estamos en espera de esas fantasías que su mano desborda sobre el templete de su pasión inobjetable: la pintura.