La muerte de un patriota

MISCELÁNEA

“Don Miguel Hidalgo y Costilla murió / a los cincuenta y ocho años, dos meses / y veintidós días de edad y al cabo / de tres meses y siete días de prisión, / el día treinta de julio de 1811”. (Efraín Huerta; Amor, Patria mía (fragmento).

Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, mejor conocido con el dulce título de Padre de la Patria, era un sacerdote culto que hablaba, traducía y leía con fluidez los idiomas español, latín, italiano, francés y, para comunicarse con su feligresía, aprendió a la perfección las lenguas purépecha, náhuatl y otomí. Era proverbial su afición a las bellas artes, especialmente a la literatura, la música, el teatro y el canto.

De acuerdo con Paco Ignacio Taibo II, la imagen que conocemos del Padre Hidalgo es inventada, ya que Don Miguel nunca fue retratado en vida; las primeras pinturas sobre él se realizaron 50 años después de su muerte, por instrucciones de Maximiliano. “Paradojas de las paradojas”, escribe Taibo; “la imagen del hombre que rompió amarras con el imperio español, se nos ha impuesto heredada por otro imperio”.

Este cura inquieto y con ideas de avanzada en lo social y político, se unió en el año 1809 a una sociedad secreta que pretendía convocar a un congreso para gobernar la Nueva España y obtener la independencia del país.

El 16 de septiembre de 1810, izando como estandarte insurgente a la Virgen de Guadalupe, el Padre Hidalgo dio el Grito de Dolores con el que dio inicio a la gesta de independencia. Cuatro meses después y luego de haber tomado Guanajuato, Guadalajara y optado no atacar la ciudad de México, las tropas de Hidalgo fueron derrotadas en la Batalla de Puente de Calderón, que lo obligó a replegarse hacia el norte.

Traicionado por Ignacio Elizondo, fue capturado en  Acatita de Baján, junto a Allende y 27 compañeros más, y encarcelado en un hospital de Chihuahua.

Durante este tiempo fue excomulgado y privado de su dignidad sacerdotal por miembros de la Inquisición, quienes asentaron el arrepentimiento del patriota; sin embargo, los testigos de su prisión aseguraron que Hidalgo nunca se arrepintió de haber iniciado la independencia de su patria.

El día final de su vida, fue llevado a la plaza donde sería fusilado; en el trayecto repartió dulces a los soldados y agradeció las atenciones de sus guardianes; pidió que lo mataran de frente, no de espaldas como a un traidor.

El oficial Pedro Armendáriz fue el encargado de dirigir el pelotón de fusilamiento aquel funesto 30 de julio de 1811; tiempo después de este acto abominable, Armendáriz se sumó a la Sociedad “Amigos de Hidalgo”, cuya misión era fomentar el culto a la memoria del Padre de la Patria. Otra paradoja de paradojas.

Aquella mañana, cuando lo sentaron en un banco atado a un madero y le vendaron los ojos, el Padre Hidalgo se colocó la mano en el corazón para indicarles a los soldados dónde debían disparar.

La primera descarga de balas falló; aunque los soldados estaban a cuatro metros de él, solo hirieron parte de su estómago; el padre seguía con vida y la venda había caído de sus ojos. “Y nos clavó aquellos sus hermosos ojos que tenía. / Las balas de la segunda fila /  le dieron todas en el vientre…/ Poco estremo hizo, sólo sí / le rodaron unas lágrimas muy gruesas. / Pero nada hizo desmerecer su hermosa vista”, nos relata el poeta Efraín Huerta.

Finalmente, Armendáriz, al ver que los soldados temblaban al apuntar contra el Padre de la Patria  - “que llegó al cadalso como a un acto ordinario, / sin significación, como quien se dirige / a una ventana de su recámara / para ver si lloverá…”  (EH) -, ordenó disparar en forma directa sobre el corazón del héroe independentista.

Luego – escribió el mismo Armendáriz - se sacó el cadáver a la Plaza “para que lo viera el público que cuasi en lo general lloraba aunque sorbiéndose las lágrimas”.

PANEL

Ciencia a la mano

El hongo que vuelve zombis a hormigas

María Pino

Los zombis no solo existen en escenarios apocalípticos de libros y películas; también caminan en bosques tropicales entre plantas y animales, pero no son muertos en vida que comen cerebros. Se trata de hormigas de la tribu Camponotini infectadas por un hongo que controla su cuerpo para lograr dispersar sus esporas: el  hongo Cordyceps unilateralis.

Las esporas viajan con el viento y al caer sobre alguna hormiga sin suerte, penetran su exoesqueleto y el hongo comienza a crecer en su interior, después de unas semanas, cuando la infección es suficientemente fuerte, la hormiga cautiva se ve obligada a dejar su nido para buscar lugares con más humedad, donde el hongo crecerá aún más rápido. El último acto en vida de una hormiga infectada será morder la vena media de alguna hoja en las alturas, donde finalmente morirá anclada a la hoja y desde donde el hongo se dispondrá a dispersar las esporas; mientras llega esa etapa final, el hongo se alimenta de las entrañas de la hormiga.

En las etapas iniciales de la infección llamado periodo de incubación, una hormiga actúa de manera normal, nadie podría darse cuenta de que está infectada, ni siquiera sus compañeras de nido, esto es muy impresionante pues generalmente en colonias de especies sociales, como las hormigas, existe algo llamado inmunidad social y que consiste en expulsar a miembros enfermos de la colonia con el fin de evitar que los demás integrantes se contagien. Aunque hasta hace unos años se creía que Cordyceps unilateralis invadía el cerebro, estudios recientes han demostrado que el hongo ejerce su control usando compuestos bioactivos que interfieren con el sistema nervioso central y controlan a su víctima directamente desde sus músculos. ¡Qué miedo!, ¿no? Pero no te preocupes, pues estos hongos han evolucionado junto a los insectos y no están adaptados para infectarnos. ¡Qué suerte!

La naturaleza está llena de organismos fascinantes, todos con estrategias distintas para sobrevivir y reproducirse, cada una más increíble y surreal que la anterior.

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MEMENTO

30 de julio de 1811: Es fusilado el Padre de la Patria, Miguel Hidalgo y Costilla.

31 de julio de 1566: Muere el evangelizador y cronista Fray Bartolomé de las Casas.

1 de agosto de 1498: Cristóbal Colón avista la primera tierra firme del Continente Americano, que se llamará Venezuela.

1 de agosto de 1811: Es fusilado en Chihuahua, Ignacio Allende.

4 de agosto de 2001: Es recuperado el primer poema que escribió Sor Juana Inés de la Cruz a los ocho años de edad, “Loa al Santísimo Sacramento”.

5 de agosto de 2012: Fallece en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, la cantante Chavela Vargas.

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