Alejandro Solana, creador de un universo personal

Entrevistar a este gran artista plástico, Alejandro Solana, es marcar sin lugar a dudas un espacio determinante en la historia del arte oaxaqueño; su facilidad para componer con refinamiento cromático, con el cual el artista se manifiesta, se declara y pone al espectador en contacto con su propia obra, dentro de su enorme instinto pictórico y su estupenda técnica, que a ratos parece desbordarse en espacios ajenos a la pintura misma.

Y así, en este ambiente creativo, damos inicio a la entrevista… recuerda con nostalgia la casona de Alcalá, donde junto con sus hermanos y primos, 11 en total, pasó su niñez entre niños, gatos y perros; de ahí aprendió el amor y respeto por los animales, bajo una educación de valores, que le inculcaron sus padres, María de Lourdes Aguirre Martínez y Jorge Javier de San Luis Gonzaga Solana Figueroa.

Nació en Oaxaca, desde muy pequeño ya tenía la inquietud y gusto por la pintura, al ir creciendo y darse cuenta del entorno en que vivía y quiénes habían sido sus antepasados, su bisabuelo personaje importante, cuyas aportaciones a la historia del estado, le hacían estar orgulloso de su apellido y de su abuelo, gran escritor, abogado, filósofo, masón, que llegó a tener una biblioteca de más de 50,000 libros, entre los cuales Rafael conoció el arte y la literatura desde pequeño.

Al tener un gusto inmenso por la lectura, ésta lo llevó a conocer la vida de grandes pintores y conocer sus obras; la primera obra que realizó fue la réplica de una obra de Van Gogh, donde vio un molino rodeado de un campo de girasoles, encontró un poco de papel y  acuarela de su hermano mayor y la pintó en una hora, le quedó perfecta; a partir de ahí, imagen que le gustaba la realizaba, tenía la obsesión de la perfección y así realizaba sus primeras pinturas, dentro de las cuales, recuerda, estaba la boca de la Mona Lisa a lápiz, la foto del manto sagrado con pastel; el primer retrato que realizó cuando tenía apenas 12 años fue el de Hitler, el cual vio en una revista y le impactó su semblante; así fue realizando sus primeras obras, las cuales mostraba a sus padres y amistades, y realizó sus primeras ventas.

Un día, su padre le dijo que lo quería ver trabajar en forma o cursar una carrera, a lo que él le contestó que estudiaría Derecho, como su abuelo, y entró a la Universidad Regional del Sureste,  se graduó y empezó a litigar; paralelamente retomó la pintura, comenzó a vender su obra y a darse a conocer en el mundo del arte.

Alejandro Solana, al hablar de su obra, la describe como una realidad alterna, donde mezcla su realismo con elementos extras y que los espectadores al ver su obra, queden satisfechos por los detalles de la esencia.

Pues así nos despedimos de este talentoso arista plástico, que es un orgullo para el arte oaxaqueño, de su esposa Karla y de su pequeña Sophia, que son parte de su universo personal.