Guelaguetza virtual: la fiesta de 2020 no fue en el Cerro del Fortín

Desde sus localidades, con cubrebocas o caretas, de manera virtual, pero con el mismo corazón que caracteriza a Oaxaca, así vibró la Guelaguetza en tiempos de COVID-19.

Fue un viaje por las ocho regiones de la tierra donde Dios Nunca Muere, acompañado por cantera verde, bailes entre nubes y montañas, rítmicos al sonido del mar y del viento de los pueblos originarios.

Organizada por la comunidad migrante radicada en Estados Unidos, en conjunto con Vivoarts y Visitatugente.com, en esta ocasión la máxima fiesta de Oaxaca se realizó a distancia transmitida en Facebook Live con enlaces desde 14 de las localidades más emblemáticas de la entidad.

Bañada por el sol del mediodía, la plaza de la Danza acompañada por la majestuosa basílica de Nuestra Señora de la Soledad, abrieron el homenaje racial dando cobijo a las Chinas Oaxaqueñas, aquellas que con su baile y algarabía son el corazón de las calendas. Cuetes, toritos, marmotas y faroles brincotearon al ritmo del Jarabe del Valle.

De orgullo afromexicano, Lilia Pérez Hernández, Diosa Centéotl 2019, estuvo presente desde Loma Bonita Oaxaca haciendo la apertura oficial.

Así, el recorrido llegó a la Cañada con Huautla de Jiménez y los sones mazatecos en la presentación del compadrazgo, se enlazó con la Sierra Sur en Miahuatlán de Porfirio Díaz bailando el Palomo y el Guajolote.

Hacia la región de la Costa, Huatulco desde la bahía la Entrega dio muestra de la picardía que caracteriza a los hombres y mujeres de aquél soleado punto de Oaxaca.

Villa Hidalgo Yalalag hizo gala de su belleza cultural con sones y jarabes desde la explanada principal del municipio ubicado en la Sierra Juárez. Con la solemnidad que los caracteriza, Santa María Tlahuitoltepec, los jamás conquistados bailaron entre las nubes.

Pinotepa Nacional con sus sones y juegos; mientras que en Istmo de Tehuantepec Chicapa de Castro ofreció su baile. Enmarcados en un bello y florido paisaje fueron entonadas las notas de la Canción Mixteca con la delegación de Huajuapan de León. Sola de Vega hizo lo propio, al igual que San Juan Bautista Tuxtepec, cuyas bailarinas portaron caretas. Al final Zaachila y la Danza de la Pluma cerraron con broche de oro el recorrido por Oaxaca.

Tradicionalmente el homenaje racial es presentado desde lo alto del Cerro del Fortín, en la capital del estado, en donde se ubica el auditorio Guelaguetza. La celebración tiene su origen en 1932 con motivo del 4° Centenario de la Elevación de Oaxaca al rango de ciudad y también con la finalidad de hermanar a la entidad en un momento social y económicamente dificil tras el terremoto del 14 de enero de 1931 que devastó la ciudad de Oaxaca, para entonces con 30 mil habitantes.