La magia de Toledo que sigue iluminando a Oaxaca

Se cumplen 80 años del natalicio del artista

A diez meses de su partida del plano terrenal, Francisco Toledo vive. “Todas las cosas que él hacía o tocaba tenían ese sello y mirada únicos”. El artista mexicano más importante de las últimas décadas nació un 17 de julio de 1940, hoy hubiera cumplido 80 años. Una fecha esperada para muchos que querían celebrarlo, pero para él este día no hubiera sido diferente, ya que no le gustaban las celebraciones. 

Ya han transcurrido 116 días desde que se anunció el confinamiento para las ciudades del país, ante la pandemia por el coronavirus. Oaxaca está en semáforo naranja y el aire susurra una pregunta que le hago a la hija mayor del filántropo, activista y promotor cultural oaxaqueño, a Natalia Toledo: ¿Cómo crees que hubiera actuado el maestro ante esta pandemia?

“Vamos a caer en un terreno del supongamos, -dirían en mi tierra-. Lo primero que pensé junto con mis hermanos, Laurena, Jerónimo, Sara y Bejamín y, que comentamos, fue: -¡Imaginate los cubrebocas que hubiera hecho papá!, ¡Las máscaras!-. Porque a él le encantaba cubrirse la cara con animales; eso que tenemos mucho los pueblos indígenas, hacer muchas ceremonias con la cara cubierta. Para él esta hubiera sido una oportunidad  más para desatar su creatividad” comparte vía telefónica. 

Desde la Ciudad de México, la poeta afirma que sí, que a ella le hubiera gustado ver cómo su papá se iba a comportar ante “esta cosa de no salir”. Y se pregunta si hubiera obedecido o no al aislamiento voluntario a lo que se responde: “No creo que él se hubiera quedado en su casa dando vueltas... lo dudo. Yo creo que si saldría a caminar y lo haría con un cubrebocas… o quizá saldría disfrazado. Es algo que le hubiera encantado. Me lo imagino  caminando por las calles de Oaxaca disfrazado de conejo o como algún personaje de los cuentos que él inventó, como ese mago que fue”.

 

Un artista único, un filántropo irremplazable

Natalia Toledo destaca como única la manera que tenía su padre de hacer las cosas en la defensa de causas sociales, en su arte, en su compartir. “Todas las cosas que él hacía o tocaba tenían que tener ese sello y mirada únicos. Nos quedamos con la manera que tenía de organizarse. A Toledo nada le era ajeno, nada le era indiferente, menos lo que comprometía la vida y la salud. Él siempre estaba apoyando. Toda su vida fue dar y buscar la manera de ayudar, buscar que las personas pasaran las menos carencias. Lo que estaba en sus manos siempre lo hizo, puso su trabajo ahí, para todos”. 

La también diseñadora destaca que del maestro Toledo no sólo se recuerda su trabajo, sino su capacidad de organización, que es lo que ella más extraña, confiesa. “La forma en la que él hacía las cosas era diferente, su capacidad de imaginar cosas, de sumar gente, de convocar a creadores”. Si bien acepta que no sabe con certeza lo que él hubiera hecho en estos tiempos, sabe que ya hubiera organizado y sumado a muchos para apoyar a los afectados del pasado terremoto o a los trabajadores de salud. 

Agrega que el que su padre hiciera un llamado, garantizaba respuesta. “No es lo mismo que te convoque un artista de ese tamaño y forma, a que convoque un presidente municipal o un gobernador. Y aunque a él no le gustaba que lo vieran como la gran cosa, lo era y lo es porque está su mano y su obra en todas partes” menciona para hacer una pausa porque la emoción está a flor de piel. Añade: “Sí, se siente un vacío enorme”. 

Sabe que muchos respondían al llamado de Francisco Toledo y se sumaban a sus causas de buena gana y contentos, porque apoyaban esa mirada y forma de hacer las cosas únicas, con gozo, alegría, imaginación, creatividad e inteligencia. 

“No se puede asumir que como ya murió alguien más tomará la estafeta, porque con eso se nace. Las personas no se transplantan, no se pone una en lugar de otra porque no sucede así, esto proviene de una conciencia, de un camino. Desde chico, todas las situaciones que vivió, lo hicieron Toledo”.

Los 80 años

Cierta de que su padre nunca le dio importancia ni a las fechas ni a los cumpleaños, asegura que no era de celebraciones ni de convivir mucho. A él le gustaba estar con la gente de a pie, aquella que venía de diversas comunidades a verlo. “Con ellos sí le gustaba sentarse porque aprendía mucho de las culturas de Oaxaca, pero él no hubiera aceptado ninguna celebración. Nunca le interesó para nada celebrarse a sí mismo; si lo hizo en algún momento fue por insistencia de sus amigos, de nosotros (su familia), pero quien lo conoció sabía que a él le daba lo mismo la navidad y todas esas fechas. Nos decía: -Qué tiernos son ustedes-, se burlaba un poco de que creíamos en esas cosas”. 

En su 80 aniversario Toledo vive en su legado. Natalia Toledo remata: “su legado está, la obra está, las bibliotecas están, las formas de hacer las cosas están, lo que hizo en las cárceles, en favor de las mujeres, con las tejedoras… todo ese camino que no sé a qué hora le dio tiempo para hacer tanto está ahí. Nos corresponde a los oaxaqueños y a la sociedad mantenerlo, pero hasta ahí. ¡No hay celebración si no hay Toledo!”.