Salir a trabajar a las calles, necesidad de muchos oaxaqueños durante la pandemia

Emilio Morales Emilio Morales

El brote y propagación del coronavirus (COVID-19) en Oaxaca causó muchos estragos en la sociedad, en la economía y en todos los sectores productivos, por lo que la situación para muchas personas que lamentablemente perdieron su trabajo, es poco alentadora. Sumado al status de color naranja en el semáforo epidemiológico en la entidad, el riesgo parece alto.

Sin embargo, esta coyuntura, lejos de convertirse en un impedimento para las personas de los sectores sociales más afectados, se ha vuelto un aliciente para que muchos de los cruceros en la capital y la zona conurbada luzcan abarrotados de todo tipo de gente. Desde personas en situación de calle, adictos, migrantes y hasta madres solteras, desafían a la pandemia.

Para algunos automovilistas resulta incómoda la presencia, en primer lugar, de tanta gente en un espacio tan limitado; después, está el hecho de que muchos de ellos no usan cubrebocas y se acercan demasiado a las ventanillas de los autos, por lo que los automovilistas optan por subir sus vidrios ante el temor de un posible contagio.

"De lejitos"

“De lejitos, de lejitos, mejor así o desde adentro porque uno no sabe si estén enfermos o qué intenciones tengan. No es por ser payaso uno, verdad?; pero es preferible tener precaución y evitar cualquier problema, que por un descuido se vaya uno a contagiar”, señaló la señora Eugenia sobre la gente que se acerca a los autos en el crucero de Cinco Señores.

En ese punto, son al menos cinco personas las que limpian cristales, venden agua, pan o piden ayuda, argumentando que no son “de acá”. Desde el punto de vista de la entrevistada, la presencia de esta gente es un peligro sanitario.

“Son, como dicen, población en riesgo porque me imagino que están todo el tiempo en la calle, tienen contacto con mucha gente y pues están propensos a contagiarse. Y mire, ni cubrebocas traen, que es lo peor”, añadió un tanto molesta.

 

Venden sin cubrebocas

Misma situación existe en el crucero de la avenida Hornos y avenida Ferrocarril, en donde una joven mujer que carga a un bebé en brazos, ofrece dulces, cacahuates, mazapanes y demás golosinas; habla con la gente, camina entre los autos y hace labor de venta… todo, sin cubrebocas.

“Pues a lo mejor es gente que no cree o que no sabe, gente que realmente necesita ahorita vender lo que sea para sobrevivir, porque sí, a todos nos pegó esto del coronavirus y tenemos que ver la forma de sacar, pero siempre cuidándonos, creo yo. No es que uno sea especial, pero imagínese, trae a un bebé ahí cargando esta señorita y sin cubrebocas; es una inconsciencia”, señala Raúl David, automovilista.

Metros más adelante, en el cruce de Calicanto y avenida Ferrocarril, la situación es distinta si se toma en cuenta que son más personas las que se instalan en ese punto para ofrecer sus productos o servicios, o pedir a los conductores que transitan en ambos sentidos.

 

Alto riesgo de contagios

Un hombre en silla de ruedas empujado a veces por un menor, paramédicos, una persona que padece de sus facultades mentales y vendedores de artículos de madera, juegos infantiles o raquetas para matar mosquitos, tienen su lugar de trabajo diario en este lugar. Por supuesto, los automovilistas no están de acuerdo.

“Pues ya nada más subes el vidrio y desde dentro pues les dices que no, que gracias y ya, porque uno no sabe. Digo, la verdad es que entre todo este miedo, esta histeria, este pánico colectivo que hay, pues ya no se sabe quién está sano, quién podría estar enfermo o quién se cuida y quién no. Lo que sí podemos hacer es cuidarnos a nosotros mismos, a los nuestros y bueno, extremar medidas”, comentó Víctor, conductor de un taxi.

Hasta el momento, en los Valles Centrales prevalece el semáforo naranja debido al alto índice de casos de COVID-19, por lo que según las autoridades, todavía no es recomendable salir por prolongados lapsos a la calle, pues el riesgo de contraer la enfermedad es alto.