El hueco que dejó Toledo 

CIUDAD DE MÉXICO..- Tras la muerte del artista juchiteco Francisco Toledo el 5 de septiembre de 2019, referente contemporáneo del arte oaxaqueño, surgió una interrogante: ¿Quién está llamado a ser su relevo?

"Una gran pregunta que muchos no se alcanzan a responder", expresa Alonso Aguilar Orihuela (Oaxaca, 1979).

Pero más allá del perfil creativo, Toledo destacaba por su vena social, defensor de causas y fundador de múltiples espacios culturales, entre ellos, además del IAGO, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo y CaSa, Centro de las Artes de San Agustín.

-Pero, ¿quién podría haber heredado esos intereses?

-Yo creo que sí hay gente, como Demián Flores, que ha tenido y tiene inquietudes sociales y que ha hecho proyectos como La Curtiduría y otros que vinculan la lengua zapoteca con el arte y buscan su protección. Pienso también en Guillermo Olguín y su hermano (Santiago), que han sido defensores muy frontales del patrimonio histórico y ecológico de la Ciudad de Oaxaca- enumera Aguilar Orihuela, autor de Colección bibliográfica: +50 artistas contemporáneos en Oaxaca.

"Lo que pasa es que Toledo era más que esas intenciones, esas ideas. Era un líder natural, una persona que aglutinaba muchas simpatías y también muchos odios. No hay una persona ahorita que se pueda hablar al tú por tú con el gobernador y que pueda tener un desencuentro que sea significativo para la élite política. No lo hay, porque (los artistas) no tienen este profundo y legítimo interés del maestro Toledo, y también los tiempos históricos son distintos". 

Considera que en los tiempos corrientes, una tercera etapa en el estado cultural de Oaxaca, surgirán artistas con un discurso social en respuesta a lo que está pasando en México. "Vamos a ver quiénes son auténticos en su discurso y defensa social y quiénes tienen un discurso posado", concluye.

Trazan nuevas rutas del arte oaxaqueño 

La gente de los pueblos, sus fiestas, sus tradiciones, sus colores y su música; todo envuelto en un aura de magia y misticismo. En ello radicaban las formas inconfundibles de la llamada Escuela Oaxaqueña de Pintura, denominada así por el poeta y escritor Andrés Henestrosa para referenciar el trabajo de creadores emblemáticos del Estado, como Rufino Tamayo, Francisco Toledo o los dos Rodolfos, Nieto y Morales, todos ya fallecidos, y desplazada como estética dominante tras el surgimiento de un amplio y plural ecosistema cultural generado en las últimas décadas en Oaxaca, según sostiene el gestor cultural Alonso Aguilar Orihuela.

A decir suyo, y como lo plasma en los tomos de la Colección bibliográfica: +50 artistas contemporáneos en Oaxaca, esta cadena de museos, galerías, bibliotecas y centros culturales, independientes o institucionales, ha dado cabida a estéticas simbólicamente alternas a lo que expresara dicha escuela.

"Y con Escuela Oaxaqueña de Pintura me refiero específicamente a artistas como el maestro Rodolfo Morales, como Justina Fuentes o Juan Alcázar. Personas cuyo arte se regocijaba en recrear un momento idílico, usualmente en un paisaje rural con costumbres, con tradiciones llamativas o muy peculiares para algunas personas, como bailar el guajolote, una escena recurrente de las bodas de Morales y de otros artistas.

"Eso implica usar el contexto inmediato del artista, como lo pueblerino, lo rural, lo bucólico, como motivo de creación", detalla en entrevista el responsable de la Colección bibliográfica y fundador y director de la promotora y productora cultural 979 Arte Actual Oaxaca.

A lo largo de dos robustos tomos, el libro en cuestión despliega una serie de textos críticos de varios especialistas y entrevistas a 57 artistas plásticos oaxaqueños o radicados en el Estado, entre consagrados y noveles, entre ellos Guillermo Olguín, Fernando Aceves Humana, Sabino Guisu, Abril Sánchez Salgado, Claudia López Terroso, Demián Flores o el Dr. Lakra.

Creadores que, al contar con más información y más espacios y oportunidades de las que existían antes de 1988 -año en que Toledo fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), identificado por Aguilar Orihuela (ex titular del IAGO y de la Secretaría de las Culturas y Artes en el Gobierno de Gabino Cué), como el primer momento de una época cultural prolongada más de 30 años-, pudieron transitar por nuevas sendas artísticas.