El Lector Furtivo: La metáfora de la luz

Durante el siglo 18 tuvo lugar un acontecimiento trascendental para la historia y cultura de Europa: La Enciclopedia, la magna obra coordinada y sostenida durante 26 años por Diderot, que cimbró la vida intelectual de Europa entera. La Enciclopedia fue el espacio natural de las ideas ilustradas. A los autores agrupados en torno a la Enciclopedia se les llamó enciclopedistas o ilustrados. Esta luz, metáfora del conocimiento, de la cuales son portadores, subraya la idea de hacer frente a las tinieblas de la ignorancia.

Si las figuras principales de la literatura francesa del siglo 17 fueron los dramaturgos (Racine, Corneille y Moliere), los filósofos Montesquieau, Voltaire, Rousseau y Diderot, hicieron el relevo proponiendo una literatura racionalista que, retomando la herencia de Montaigne, apostaron por una prosa clara y eficaz que privilegió el intercambio de ideas. Todos estos pensadores defendieron diferentes tesis filosóficas, pero también supieron hacer obras que sirvieron como vehículo de expresión de aquellas ideas que darían forma a la modernidad.

En este marco de revolución cultural, además de la Enciclopedia, vieron la luz una serie de novelas cuyo fin último era la transmisión de las ideas ilustradas. Dichas novelas fueron la afirmación de los puntos de vista que, en su conjunto, los escritores racionalistas tenían sobre la vida y que son claves para comprender cabalmente la modernidad.

La burguesía, encargada principalmente del ejercicio comercial en las naciones europeas, era,  al iniciar el nuevo siglo, cada vez más independiente y en la mayoría de los países se consolidaba como una clase social, ya que desde siglos atrás daba, con su capital, soporte a los regímenes monárquicos. Este nuevo estado de cosas hacía necesario abandonar las viejas creencias en favor de la razón, la cual sería en adelante el fundamento para generar las nuevas explicaciones y saberes del mundo. Fue a partir de la Ilustración que se inició una crítica sistemática al  antiguo régimen, y que se consolidaron posturas políticas (como la separación de poderes) e ideales que fueron el gran motor de los cambios sociales subsecuentes, como la libertad e igualdad como derechos fundamentales.

La enciclopedia, el magno proyecto de Diderot y Jean D’Alembert, pretendió reunir el conocimiento de su tiempo de manera sistemática y ponerlo al alcance de la mayoría de los hombres. Una gran cantidad de estos artículos fueron ilustrados con grabados que muestran una serie de procedimientos artesanales e industriales que hicieron de artesanos y obreros verdaderos protagonistas del conocimiento humano, lo cual contribuyó, sin duda, al desarrollo acelerado de la ciencia y la técnica de su tiempo.

El clero y la nobleza, aunque oficialmente censuraban a los enciclopedistas, se encontraban entre los lectores más fervientes de esta obra. Un sutil juego de influencias, protecciones y mecenazgos hicieron posible la publicación de la enciclopedia y su supervivencia como proyecto intelectual a pesar de la censura impuesta por el clero y los gobiernos.