Adultos mayores en las calles de Oaxaca para ganarse la vida

Emilio Morales PachecoEmilio Morales Pacheco

Algunos adultos mayores fueron abandonados por sus propias familias.

Forman parte de uno de los sectores más vulnerables no solo por la situación en la que viven, sino por otros aspectos como su edad, su estado de salud y las condiciones en las que viven.

Muchos de ellos vienen de otras regiones del estado hacia la capital para buscar el sustento del día que les permita sobrevivir.

Son los adultos mayores que en las calles del primer cuadro de la ciudad se dedican a vender todo tipo de productos.

Desde semillas hasta mezcal y recuerditos, los abuelitos se dedican a trabajar debido a que fueron muchas las circunstancias que los llevaron hasta ese punto; pero entre las que más mencionan se encuentra la pobreza, la falta de apoyo y el olvido de sus familias.

En medio de tanta gente se vuelven invisibles, caminan como fantasmas entre el tumulto ofreciendo lo que traen en bolsas o morrales; algunos de ellos, como el señor Eufrosino, tienen una voz casi inaudible que solo se nota si uno se acerca con el oído aguzado o cuando te hablan después de tocarte el hombre con su dedo.

“Tlacotepec, la Mixteca”, responde Eufrosino sobre el lugar de donde viene.

Asegura que trabaja porque en su tierra hay mucha pobreza y no quería ser una carga para su familia, hijos y nietos, principalmente, quienes, dijo, están en Estados Unidos.

En los Valles Centrales vive en la casa de una de sus hermanas, más joven, que también vende algunas cosas.

“Parece que ya nos olvidaron a los dos”, dice.

Y es que en medio de toda esta situación de crisis a causa del brote y propagación del coronavirus (COVID-19) y de la nueva normalidad, los adultos mayores se convirtieron en blanco fácil de la enfermedad y por lo tanto en población en riesgo.

Si a ello se suma la situación de muchos adultos mayores trabajadores, el panorama es poco alentador.

En ese sentido, la señora Ofelia, de 63 años de edad y que recorre las calles y los mercados vendiendo servilletas, asegura que pese a lo difícil de la situación, al no recibir algún apoyo ni estar inscrita en algún programa benéfico del gobierno, tiene que buscar la forma de generar ingresos.

Para ello, “no hay edad”, dice.

“Pues hay que buscarle porque está difícil, está difícil. Más ahorita que no hay mucha gente”, comenta sobre su situación actual. La suerte no le ha sonreído en los últimos días y por eso ha bajado sus precios un poco para poder vender.

El objetivo es mover su mercancía.

“Hasta en 15 las estoy dando… cuestan 50 así normal”, comenta sobre sus servilletas.

Como Eufrosino y Ofelia hay muchos más adultos mayores que, a pesar de su condición, siguen saliendo a las calles en busca del sustento que los ayude a sobrevivir y les haga más ligera la crisis, pues ante la lenta y recién comenzada reactivación económica, no generar ingresos no es opción.

¿Cómo llegaron hasta aquí?

Las circunstancias que formaron una coyuntura y trajeron hasta este lugar y estas condiciones a varios de los adultos mayores que andan en las calles exponiéndose al riesgo de un contagio de COVID-19, son variadas.

Desde la indiferencia de la familia, el olvido de sus parientes o simplemente la necesidad, todos tienen algo que contar.

“Pues hay que trabajar, no le dan a uno de comer por chulito”, dice el señor Alejo respecto a por qué, a su edad, sigue trabajando en algo ‘pesado’ como es la venta de muebles de madera en diablito, caminando.

“Vengo de fueras, soy de lejos yo y en mi tierra no hay lo que hay acá”, asegura sobre la oportunidad que tiene de seguir trabajando, la cual encontró en los Valles Centrales y en la Mixteca no.

Por su parte, la señora Gabina, que vende separadores de libros, peines y varias cosas de madera, tiene la que quizá es la respuesta más contunden sobre la razón por la cual los adultos mayores no pueden disfrutar de sus últimos años gozando en lugar de estar trabajando.

“También es culpa de uno, uno a lo mejor no le echó ganas y por eso ahora anda uno así”, señala de forma escueta.

Pero como el resto, coincide en algo: “no nomás por la edad todo te van a dar, hay que trabajar”, concluyó.

 

Pues hay que buscarle porque está difícil, está difícil. Más ahorita que no hay mucha gente

Ofelia, Artesana

También es culpa de uno, uno a lo mejor no le echó ganas y por eso ahora anda uno así

Gabina, vendedora de artesanías 

Pues hay que trabajar, no le dan a uno de comer por chulito.

Alejo, vendedor de muebles