Lecturas para la vida: Camila

Últimas dos partes

No me detengo mucho en eso y sigo viendo a Camila que ya no quiere llorar, se ha tranquilizado un poco. Ella nota que la observo y voltea, me quedo paralizada, no quiero agachar la vista porque se dará cuenta que es a ella a quien miro, así que la sostengo un momento para que piense que veo a través de la ventana, se voltea y yo respiro nuevamente pensando que la engañé.

Escucho que las profesoras hablan a escondidas sobre ella, muchas le tienen lástima y otras parece que la culparan de algo porque dicen “ya debería de intentar ser feliz, jugar con sus compañeritas y esforzarse por socializar; tampoco pone mucho de su parte, nadie la va a andar buscando”.

Yo las escucho, no entiendo muy bien a qué se refieren con que ella tiene la culpa. ¿Culpa de qué? Le he platicado a mi mamá nuevamente e insistió en que platique con Camila, que quizás no tiene en quién confiar o conversar, lo pienso, pero sé que no lo haré.

Voy de camino a casa. Ha terminado otro día de clases, odio esa escuela, sigo pensando por qué la profesora parece no conocerme y en por qué mis compañeros no me hablan; pero no importa, ya mero salgo y seguramente toda irá mejor.

De repente veo que Camila está sentada bajo una jacaranda observándome, ahora concibo lo que ella ha de sentir de que la mire tanto… es muy incómodo. No sé qué hacer, comienzo a moverme torpemente, ella se da cuenta y voltea a ver la jacaranda.

Cuando estoy a punto de pasar y dejarla sentada, la escucho sollozar. No me detengo, sigo caminando a casa, cuando llego pienso que debí quedarme un rato más en la escuela, mamá no está, solo ha llegado su novio, no me gusta estar con él. Me pide que me siente en sus piernas, aunque use calcetas largas y doble suéter, él no se detiene, muchas veces culpo a mi madre por lo que él me hace y otras veces a las maestras... las odio por no darse cuenta de mi sonrisa y mirada eternamente rotas.

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