Estas letras que lees: La verdadera noche triste

Monumento dedicado a todos los guerreros caídos en la batalla de Otumba.

Los eventos patrios marcan la noche del 30 de junio al primero de julio como la “Noche Triste”, un suceso por demás conocido por todos aquellos que han cursado la primaria en este país y que en este año cumple cinco centurias de haber ocurrido; así es, hace 500 años, Hernán Cortés lloró debajo de un ahuehuete (con razón es nuestro árbol nacional) por la mala fortuna ocurrida en su huida de la Gran Tenochtitlán. Sin embargo, para el pueblo mexica fue una noche de júbilo, de esperanza, de preparación para la guerra. La historia nacional, aquella que enseñan en las escuelas de este país, olvida comentar lo que ocurrió una semana después, el 7 de julio de 1520, en un evento que conmocionaría hasta su simiente el nacimiento de la futura nación mexicana: La batalla de Otumba (ayer se conmemoraron 500 años de dicha batalla).

Otumba es una población en el Estado de México; actualmente lleva el denominativo “de Gómez Farías”; su denominación náhuatl quiere decir “lugar de otomíes” y hace 500 años, sus valles fueros testigos de una batalla crucial para la historia nacional y que sin embargo es poco (o nula) conocida dentro del país (aunque todavía es objeto de estudio en instituciones militares en otras latitudes). Cuentan que Cortés venía huyendo después de lo ocurrido en la noche triste; su objetivo era llegar al reino de sus aliados: Tlaxcala. Para eso, don Hernán intenta rodear el lago de la capital mexica por el norte, cuando al llegar a Otumba le hicieron frente miles de guerreros entre mexicas y aliados de diversos reinos que se habían unido para derrotar a los invasores, aprovechando que estos se encontraban débiles.

Lo que ocurrió en la batalla se puede explicar de muchas maneras y todas son igual de insatisfactorias: la forma de hacer la guerra entre ambos era diferente: los españoles siempre mataban en el campo de batalla, mientras que los mexicas buscaban tomar prisioneros para sacrificios; el ejército compuesto por diversos reinos que se unieron contra los españoles si bien es numeroso, carece de un fuerte entrenamiento militar como ejército unido y está formado primordialmente por jóvenes guerreros valerosos, pero mal organizados; en cambio, si bien el grupo de invasores encabezados por el extremeño se encontraba reducido y diezmado, todos ellos eran militares entrenados, además de contar algunas armas y caballería entre sus tropas.

Todos esos factores, además del apoyo de los tlaxcaltecas, conocedores del terreno y costumbres militares, fueron factores para que un ejército tan grande en número pudiese ser derrotado (que obviamente los tlaxcaltecas sirvieron como carne de cañón y fueron los que más perecieron).

Cuentan los narradores que la batalla fue furibunda y que  gracias a la vida de sus aliados de Tlaxcala pudieron resistir la embestida, pues la superioridad numérica era aplastante por parte del ejército mexica y sus aliados; sin embargo, como por gracia del espíritu santo, y en una de las más osadas empresas militares, Cortés lleva a cabo una maniobra en la que termina por desorientar a todo el ejército rival, dejó al lector curioso investigar los pormenores del acto. Así, el ejército mexica y aliados comienzan a replegarse y a huir, dejando el paso libre para que Cortés pudiera llegar a salvo a Tlaxcala, curarse de sus heridas, reorganizar sus armas y ejército para planear la segunda toma de Tenochtitlán, llevada a cabo al año siguiente.

 

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