Ennio Morricone y cinco películas que lo inmortalizan

Nos dio las notas de la nostalgia y nos devolvió, con algún corte, al paraíso de la infancia en Cinema Paradiso. Sabía que la música tenía La Misión de medirse a la barbarie y el caos y Que la muerte tenía un precio y una ley como la del viejo oeste americano. Porque la muerte siempre acaba apareciendo, para ajustar cuentas. Ennio Morricone nos hizo ricos: nos deja a los 91 años tras haber compuesto más de 500 bandas sonoras de cine para consuelo del último sentido que se pierde al morir, dicen. Cada oído tendrá un gusto, pero la Trilogía del dólar, de Sergio Leone (Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo), le inspiró sonidos originales que no se despegarían del spaguetti wéstern. El silbido humano no deja de fascinar décadas después en La muerte tenía un precio: en El bueno, el feo y el malo Morricone se queda sin duda en la cima, pero con un tono melancólico, que la diferencia de las dos entregas anteriores.

La Misión (1986), de Roland Joffé, le dio el Globo de Oro en el 87 y es otra de las piezas inolvidables del maestro que aprendió del padre, hizo su primera composición con 6 años y se quedará sin recoger su Princesa de Asturias de las Artes 2020. Sencilla y sobrecogedora la escena del oboe del padre Gabriel, imposible no emocionarse al oír lo que representa la música frente a la guerra y la destrucción, difícil desoír el valor artístico y humano de Falls('Cascadas').

Los ochenta fueron dorados para el compositor de la memoria, que ofrece en Érase una vez en América (1984), otra vez de la mano de Sergio Leone, la que es considerada una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine, una magistral pieza en distintos estilos para marcar las diferentes épocas que abarca la cinta, que nos lleva de los años veinte a los treinta y a los sesenta. Hay que revisitar, también con los oídos, la historia de Noodles, un mafioso que logró amasar una gran fortuna durante la ley seca. Magnético De Niro, con secundarios de altura, como James Woods, Joe Pesci o Elisabeth McGovern.

El corazón explota con Cinema Paradiso (1988), una declaración de amor al cine con melodía propia. Ennio trabajó junto a su hijo Andrea en esta joya de la Roma de posguerra que nos devuelve el tiempo perdido a golpe de proyector. El primer beso «pornográfico» nos lo vimos, para disgusto del Padre Adelfio, en el Nuovo Cinema Paradiso. Morricone compartió con su hijo el BAFTA a la mejor banda sonora original por esto, por reproducir el sonido del paso del tiempo, la nostalgia y el metraje del primer amor.

Si nos vemos limitados a cinco películas, podríamos acabar la partitura con Los odiosos ocho (2015), octava película de Quentin Tarantino, parte del catálogo de Netflix y HBO. Ennio Morricone se llevó el Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA por un conjunto de piezas hostiles, como el mundo al que dan sonido en un Wyoming posterior a la Guerra de Secesión donde una caravana es desviada por un gran temporal de nieve. Escuchen, al menos, Neve.

«Yo, Ennio Morricone, he muerto», escribió el maestro para despedirse de sus amigos. Su música dice que no.