COVID-19 dio ventaja a la lucha contra el calentamiento global

Mejoró la calidad del aire a nivel mundial

La disrupción económica generada por la pandemia del coronavirus excedió ampliamente la paralización sin precedentes de las industrias de bienes y servicios. Evidenció también la fragilidad de las cadenas de producción a nivel global e ilustró rápidamente el impacto ecológico inmediato del paradigma actual: días después de que se suspendieran las emisiones de carbono, imágenes de ciudades y escenarios emblemáticos libres de polución acapararon las primeras planas, ilustrando el contraste con el estadío anterior.

Es por ello que numerosas voces a nivel internacional han realizado sendos llamamientos para lograr que la crisis sirva como un catalizador que acelere la transición a un nuevo sistema verde. Entre los esfuerzos a nivel regional se destaca el del nuevo Instituto Interamericano de Justicia y Sostenibilidad (IISJ), cuyas fundadoras buscan contribuir a que sus principales actores -tanto del sector público como el privado- tomen las acciones necesarias para moverse en esta dirección.

En diálogo con Infobae, las fundadoras del IIJS -Claudia S. de Windt, Sheila Abed y María Amparo Albán- repasaron los actores internacionales que se están valiendo de la pandemia para acelerar su transición a una economía verde, analizaron la manera en que aquellos que se desempeñan a nivel regional pueden hacerlo, y delinearon los principales desafíos para lograr ese objetivo.

De Windt explicó que la pandemia puso de manifiesto que “lo que pensábamos que era un modelo que nos llevaba hacia la sostenibilidad no era en realidad el camino correcto”. Albán, por su parte, la definió como poseedora de un “poder pedagógico”.

“Hemos visto recuperarse servicios ambientales, las aguas están más cristalinas, el aire más limpio y la vida silvestre recobra espacios. Eso nos enseña a nosotros y las generaciones que vienen detrás el costo de la internalización ambiental. Es decir, cuánto cuesta vivir con una calidad de aire distinta y como podemos hacer mejor las cosas”, expresó Albán, quien es abogada medioambiental y también se desempeña como directora ejecutiva de la consultora ACD.

Rápido retroceso

Un estudio publicado por la revista Nature Climate Change indicó que en abril la cantidad de dióxido de carbono emitido por humanos cayó un 17 por ciento interanual. Sin embargo, el mismo estudio realizado dos meses más tarde evidenció que, una vez que las reaperturas comenzaron a tener lugar, las emisiones volvieron a crecer de manera proporcional. Para mediados de junio, los niveles estaban solo un 5 por ciento debajo de los niveles de 2019 y en China ya había vuelto a niveles previos a la pandemia.

Además, la posibilidad de que tengan lugar contagios en espacios de transporte público ha llevado a que, al volver a salir del confinamiento, las personas se inclinen por los autos particulares, algo que podría de hecho contribuir a elevar las emisiones.

Desde el IISJ remarcaron que estas circunstancias evidencian la necesidad de “repensar un enfoque cooperativo que nos ayude a dimensionar nuevas políticas”. E indicaron que ya hay actores que han tomado pasos en esa dirección. A nivel nacional hicieron mención a Alemania, cuyas autoridades anunciaron que, de un paquete de estímulo de 130,000 millones de euros para enfrentar el impacto de la pandemia, 50,000 millones estarán destinados al desarrollo de políticas verdes.

A nivel internacional, en tanto, resaltaron el rol de las distintas bancas de desarrollo. Mencionaron como ejemplo el Fondo Verde del Clima, fundado por las Naciones Unidas, “que tiene un presupuesto de más de 5,000 millones de dólares y el 20 por ciento del mismo dedicado a proyectos de mitigación de cambio climático y encadenamiento productivo sostenible y libre de deforestación en América Latina”.