DENARIOS: Mi carrito de madera

Voy a contarles en esta misiva una parte de mi vida: era el primer día del año 1995. Llegamos a la ciudad de Oaxaca procedentes de la Costa, con tan solo lo indispensable, pues mi padre vio afectada su economía con la espantosa devaluación en que nos dejó “el Chupacabras” Salinas de Gortari. Yo tenía tan solo 3 años 5 meses de edad.

Sin dinero y sin trabajo, mi padre se dio a la tarea de buscar un empleo. En todas las instituciones a donde acudía, le decían que por su edad ya no había oportunidad de emplearlo y sólo tenía 46 años, como si su experiencia no valiera. No se dio por vencido y como él decía: “vale más un amigo que un peso en la bolsa”; al final logró colocarse en una institución privada de Salud; tenía que trabajar todo el día y todos los días de la semana, algunas veces también en la noche, dejándome en la casa con mis abuelos a donde llegamos a vivir. En varias ocasiones me tenía que llevar a su trabajo, me acostaba en un lugar seguro para que durmiera mientras él trabajaba.

Los domingos, cuando le tocaba descansar, salíamos a caminar. Como nos trajimos de la Costa mi carrito de madera -un camión de redilas-, yo me sentaba dentro y él, con una cuerda, lo jalaba. Así salíamos a dar vueltas por las calles de la colonia. Yo me sentía feliz que mi padre me paseara montado en mi camión, y así pasaron los años.

Ahora, mi carrito de madera es lo que necesito en esta vida para hacer completa mi felicidad. Sé que cuando me suba en él, me llevará en un viaje seguro a mi hogar, que se encuentra lleno de cariño, amor y ternura. Ese carrito de madera tirado por una cuerda sostenida por la persona que más amo en esta vida -que me enseñó el valor de las cosas, el amor por la vida y por la familia-, me llenó de valor y fortaleza para afrontar mi existencia, tanto con sus alegrías como con sus tristezas, un mérito del hombre que confió en mí.

Estoy seguro que así se siente el amor que Dios me tiene, pues fue él quien me puso en las manos de este gran ser humano que es mi papá. Padre, te amo con todo mi corazón, sin duda ese ser superior sabe por qué hace las cosas, pues gracias a ti soy muy feliz con esta vida que me ha tocado vivir, llena de alegrías aunque tenga algunos sinsabores. A lo largo de ella he disfrutado de la compañía de mis hermanos, también viajé y conocí a gente maravillosa con sus respectivas anécdotas.

De corazón ruego a Dios que me permita la dicha de ser padre y experimentar ese amor incondicional. Quiero llegar a inspirarles a mis hijos fortaleza en momentos difíciles como tú lo has hecho conmigo; quiero que se acerquen y vean en mí una montaña como la que yo veía en ti, tan fuerte, tan paciente, tan lleno de vida, tranquilo ante las tormentas. Aún me falta mucho camino para lograrlo, pero seré diligente en esta misión.

¡Gracias papá, por mostrarme el camino! ¡Gracias por nunca soltar la cuerda que conduce mi carrito de madera!

Ah, ¿Cuál es mi nombre? Me llamo José Javier.

“Ruego a Dios que me permita la dicha de ser padre y experimentar ese amor incondicional”.