Conoce la historia de Feliciano, quien encontró su vocación en Dios

Feliciano nació en la Ciudad de México, hijo de madre soltera oriunda de la ciudad de Oaxaca. Apenas vino al mundo, su madre decidió regresar a su terruño. Nunca supo quién fue su padre biológico.

Ya en Oaxaca, su madre, de nombre Amaranta, trabajaba como sirvienta en las casas de las familias económicamente acomodadas al norte de la ciudad. Ella lo dejaba al cuidado de sus abuelos, que vivían en uno de los barrios pobres, y así transcurrió su primera infancia. En ocasiones, a manera de premio y con la condición de que se portara bien, su madre lo llevaba a las casas donde trabajaba, para que conociera cómo eran aquellas residencias.

Mientras Feliciano cursaba el primer año de secundaria, su madre trabajaba en un hotel de dos estrellas como recamarera; ahí conoció a un varón ya de edad madura que le propuso matrimonio. Ella aceptó, se casaron y se fueron a vivir a otro estado, dejando a Feliciano al cuidado de sus abuelos con la promesa de que pronto regresaría por él, misma que nunca cumplió.

Feliciano se daba cuenta de las carencias económicas de sus abuelos, por lo que decidió trabajar como mozo en las residencias donde lo llevaba su madre. De esta forma los ayudaba, comprando sus útiles escolares, ropa y calzado. Al terminar la secundaria se inscribió en la preparatoria de la universidad estatal y estando ya en el segundo año, uno de sus patrones le sugirió que fuera a solicitar trabajo en la Secretaría de Salud a través del sindicato. Así lo hizo y con buena suerte logró colocarse como intendente del Hospital General; al paso del tiempo logró ascender a camillero y a vigilante.

Al terminar la preparatoria se inscribió en la Facultad de Contaduría, concluyendo sus estudios de licenciatura. Por su perfil académico y buen desempeño laboral ocupó el puesto de ayudante en el almacén general del hospital y posteriormente se convirtió en jefe del mismo.

Una vez establecido tomó la decisión de separarse de la casa de sus abuelos, ya que, sin dejar de ayudarlos, quería vivir de manera independiente; sin embargo, la vida le dispuso otro camino. Al probar la libertad se volvió como “Juan Charrasqueado”, borracho, parrandero y burlador, sin que hubiera nada ni nadie que lo detuviera en su carrera licenciosa.

Después de tanto tiempo de andar de acá para allá, conoció a una dama de quien se enamoró iniciando un noviazgo. La familia de aquella muchacha era muy conservadora y además pertenecía a una iglesia cristiana, así que para poder  verla y salir con ella, tenía que acudir a los cultos religiosos, lo que sirvió para que Feliciano fuese dejando la vida disipada que llevaba y encontrara muchas respuestas a su existencia y como él decía “encontró a Dios”. Por este tiempo, su madre regresó tras tantos años de ausencia; Feliciano la perdonó y la aceptó sin más en su vida.

Finalmente, Feliciano tomó la decisión de entregarse a la práctica religiosa, tomando los estudios que lo acreditaron como pastor de su iglesia, siendo actualmente un hombre de bien en compañía de su madre, sus abuelos y la familia que formó con su esposa.

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“Feliciano se daba cuenta de las carencias económicas de sus abuelos, por lo que decidió trabajar como mozo en las residencias donde lo llevaba su madre”.