Máximo no tiene ingresos desde que no puede tocar su acordeón en el Andador Turístico de Oaxaca

Con su acordeón Maximino Cruz Pérez era alma del Andador Turístico. Diariamente se le veía abrazado a las melodías y con una sonrisa en los labios hilaba La llorona o Dios Nunca Muere. El 21 de marzo todo cambió, con el decreto que restringió la presencia de las personas en las calles para evitar el contagio del COVID-19, enfrenta el confinamiento social entre penurias.

“Estamos sufriendo la economía, nos afectó bastante. No estoy echando mentiras, la gente me ha visto tocando en la calle sabe que yo honradamente me gano la vida. Mucha gente me dice ¿por qué no pides limosna? Yo les digo que no porque estaría dando mala enseñanza. A cambio de sus monedas yo les doy música”, explica con la desesperación de no poder trabajar para enfrentar los gastos diarios que le representa ser el sostén de una familia conformada por una bebé de un año y una esposa también con ceguera.

Max es originario de Ixtlán de Juárez de familia dedicada al campo, labor que no pudo continuar debido a la pérdida progresiva de la vista. Él nació con cataratas; hasta los siete años se mantuvo con debilidad visual y a los 15 quedó ciego. Antes de que ello pasara ya vivía en la capital del estado lo que le permitió familiarizarse con las calles. Ahora las recorre sin miedo. “Ya no estaba mi familia conmigo y me hicieron un bien porque me volví independiente”.

La peculiaridad de sus notas lo llevaron después a la conformación de un dueto conocido como Zapocelta en fusión con el violinista Inglés Samuel Patrick. La mancuerna hecha les abrió las puertas de distintos restaurantes de Oaxaca y la realización de presentaciones en distintos puntos tanto de la entidad como en la Ciudad de México. Todo parecía ir viento en popa.

“A veces nos salían eventos particulares. Ahorita de plano estamos en ceros y yo no sé hacer otra cosa más que la música”, señala con el gusto que le da haber estudiado piano y acordeón; en ambos poder tocar música tradicional como La Canción Mixteca, La Zandunga, El Feo, la Martiniana, así como otras piezas extranjeras.

Para poder sobrevivir, la familia ha recibido solidaridad vecinal y familiar, sin embargo, los tres meses transcurridos también han agotado los recursos de sus conocidos pues las dificultades económicas han abarcado a gran parte de la población.

Sin programas sociales

Max lo dice en tono molesto. “Yo no entiendo qué pasa ahora. Nos dijeron primero los pobres, pero fuimos los primeros a los que nos quitaron los apoyos de programas sociales. Eso se me hace raro, dijeron que hubo un cambio, pero para nosotros fue negativo”.

Antes él y su esposa eran beneficiarios del programa, con las restricciones de acceso a los programas para personas con discapacidad, quedaron fuera.

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