El arte es el triunfo del deseo: Lopus Diarakato 

Ha encontrado en Oaxaca una relación con la escultura biológica
CARINA PÉREZ GARCÍA CARINA PÉREZ GARCÍA

El vaso comunicante de la obra de José Guadalupe Castro ‘Lopus Diarakato’ (Navolato, Sinaloa) pintor, escultor y ceramista, encuentra una relación en Oaxaca con la escultura biológica, así como la llama. Al conocer la tradición de elaborar todo tipo de figuras con los rábanos, cada 23 de diciembre, él les encontró relación con sus esculturas en nopal. En una charla previa al confinamiento, el creador avecindado en Oaxaca, por temporadas, compartió inquietudes como la de convocar a artistas oaxaqueños a plasmar sus creaciones en estos cactus. 

Este creador sinaloense siente una profunda fascinación por la cultura indígena de su estado, por las vibraciones que encuentra en las expresiones primitivas, como las considera. Al hablar de su obra, hay que mencionar que él es exponente de un estilo conocido como plástica neo-aztatlana, así como de su serie Nopalimia. 

“En la plástica neo-aztatlana hay un profundo sentimiento primitivo; al ver estas expresiones me fascinaron por esto, pensé en crear una estética de ello, que no fuera copiar, pero sí de hacer una recreación. Considero que es sumarte a un arte que quedó suspendido en el tiempo y era hora de reivindicar este tipo de estética, aparentemente folclórica naíf y primitiva”. 

Lopus Diarakato viaja en el tiempo. Recuerda cuáles fueron sus comienzos en el arte y se  recuerda como un niño curioso: “Yo empecé dibujando en las paredes de mi casa, que era una casa muy pobre, de paredes encaladas y con savia de nopal. En las pequeñas grietas yo encontraba formas. Empecé a rayar las paredes, ante el regaño de mis padres. Ahora sé que el arte es el triunfo de tu deseo, el máximo gesto de autonomía que alguien puede tener, porque nadie te lo pide y lo haces, más allá si gusta o se vende”. 

El creador recuerda a Pablo Picasso, quien decía que el arte es una mentira que sirve para decir verdades. Sí, asegura, es mentira cuando la tienes en la mente y la estás imaginando, pero realidad cuando está hecha.

“Tan real que la puedes adorar, maldecir o destruir, pero ya hecha ya no es mía, es de todos. Todos tienen la capacidad de ser creativos, pero pocos tienen el valor o la conciencia de saberlo, porque el arte para mí fue una fuga de un mundo que no me gustaba, de un mundo cruel donde yo no encajaba. Soy medio autista, siempre estoy metido en lo mío y no volteo a los lados. Por eso también el arte es una actitud narcisista y al mismo tiempo, es un mundo de amor”. 

Trazos, inspiraciones, creaciones y revelaciones

Al hablar de su serie Nopalia, comenta respecto a la que ha sido materia para plasmar su obra, que: el nopal es dramático, se regenera a cualquier herida que tenga, por eso la gente escribe en ellos palabras de amor y este se transforma. Su color primario, el esmeralda, va en gradientes del jade, al olivo y al final, a medida que se hace viejo, se hace bello como monstruo. 

“Me divertí mucho esos 10 años haciendo esa serie. Tengo a estas obras en mi casa y estoy haciendo un pequeño museo para mi papá, será un homenaje tardío, el Museo de Arte Popular ‘Ramón Castro Angulo’, ahí tendré mesas de arte para los niños. El mu,seo está en Navolato y es un proyecto que tengo desde hace cinco años”. 

El artista afirma que encontró la manera de convertir al nopal en un vehículo escultor en una planta que lo identifica con su lugar de nacimiento, ya que Navolato quiere decir ‘lugar de tunas y nopales’. “Prácticamente soy heredero del nopal sin querer, me ubico con él por casualidad histórica; en este renacimiento del nopal hice mis primeras esculturas, a partir de un accidente: de que mi hijo lo hiciera cuando era pequeño; él intervino un nopal y lo convirtió en pez, desde ahí comencé a esculpir sus hojas”. 

La poesía de esta planta arbustiva en la obra de Lopus Diarakato es sublime. Una hoja repetida mil veces, con sus brazos. La especie que interviene es la conocida como ‘oreja de elefante’ del género opuntia y familia de las cactáceas. 

“Sí, son esculturas efímeras, aunque se prolongan hasta por 25 años. Es un arte biológico, como el de los rábanos aquí en Oaxaca. Me gustaría instaurar esta práctica aquí, hacer una exposición de arte en nopal e invitar a artistas oaxaqueños”, vaticina el artista, mientras toma café y abre uno de los tantos catálogos sobre su obra.

Lo que debes saber: 

El artista ha ido encontrando las voces más secretas de los objetos de la naturaleza para consolidar su propio lenguaje, en nopales, huevos, nidos de tortuga, ramas, corteza, ixtle y tela, que dan forma con un lenguaje sígnico e iconográfico de los objetos en los que se entretejen incesantes, nuestros sueños más antiguos y las esperanzas presentes. 

Conózcalo

José Guadalupe Castro ‘Lopus Diarakato’ (Navolato, Sinaloa) realizó estudios de artes plásticas en la UAS y en el Centro Cultural Coyoacán. De 1984 a 1989 ganó, año tras año, el premio de adquisición en el Salón de la Plástica Sinaloense, del que es fundador. Repitió en 1992. 

Recibió el premio de adquisición en el II Salón de la Plástica del Noroeste. Expuso escultura y pintura en Reptilia, dibujo y escultura en Fauna ansestralia. Creador de Por la ruta del Noroeste, una serie de petroglifos que van desde Tepic hasta Tecate: en 1997 realizó El gran petroglifo de Coltzin (dibujo labrado en roca de 12 metros de circunferencia, ubicado en el km 54 de la carretera internacional núm. 15). 

Dos años después realizó La piedra yumana (dibujo labrado en roca de 5x3 m en La Rumorosa, Baja California). En Hermosillo, creó El paraje del Nahual (de 5x8 mts.); el cuarto y último de la serie es Espíritu huichol, realizado en Nayarit. Trabajó el mural Naturaleza tahue en acrílico sobre pared (74 metros cuadrados, Navolato, Sinaloa, 1999). 

Expuso cerámica en Zoomorfa; en 1993 participó en la Expopintura de Sinaloa (Ciudad de México y Los Ángeles, California). Fue becario de Difocur con Plástica neoaztatlana en 1994 y un año después del Foeca Sinaloa con “Proyecto Polimorfa”.