“Perdí el patrimonio de toda una vida”: comerciante del Mercado de Abasto

Guadalupe Santiago Valenzuela mira sólo cenizas y fierros retorcidos en donde antes tuvo su puesto de ropa, calzado y un taller de costura llamado el Cenzontle. “Perdí todo el patrimonio de una vida”, solloza frente a la crueldad que dejó el incendio en el Mercado de Abasto.

Aquella tragedia ya había sido anunciada. El mercado era una bomba de tiempo que todos los días amenazaba con estallar. Anarquía, sobrepoblación, instalaciones eléctricas enmarañadas, pasillos obstruidos fueron sembrando un escenario de caos.

La desdicha llegó de noche, se agazapó como un ladrón y se fue extendiendo velozmente, primero en un local, luego otro, otro más, hasta levantar una espesa torre de humo y fuego lo suficientemente impetuosa y perturbadora para llamar la atención.

Guadalupe sigue incrédula, 23 años de trabajo se consumieron en segundos entre el fuego. Además de vender ropa y zapatos, confeccionaba ropa por encargo, zurcía, hacía dobladillos y pegaba botones en la caseta 416 de la zona de tianguis sector 2. La pérdida fue total lo mismo que los locales contiguos en donde la maestra Agripina vendía ropa infantil de fiesta.

La noticia corrió como reguero de pólvora en las redes sociales. Al enterarse, Guadalupe, quien lleva en canas el paso del tiempo, echó al hombro una mochila con la esperanza de rescatar sus productos. Corrió al mercado. Trató de ayudar en las labores de mitigación, pero las lengüetadas al rojo vivo y el humo se lo impidieron. No pudo salvar nada.

“Yo lo único que pido al gobierno estatal, federal o a la persona indicada, que nos ayuden, que todo sea a los locatarios, que no haya intermediarios, que nos ayuden”, expresa sin contener el llanto que provoca la desdicha, sobre todo cuando no llega sola, cuando se hace acompañar de un escenario que jamás se imaginó vivir: en medio de una pandemia sanitaria.

El fuego le arrebató todo menos su fe. “Job se levantó, ¿qué yo no me levante? ¡Me voy a levantar, me voy a levantar, a pesar de mi edad tengo ánimos para salir adelante! Voy a salir, esto es un principio y tengo que salir adelante”, se dice para no desmoronarse, para no dejarse absorber en la desolación de una imagen en ruinas.

Durante más de cuatro horas, de acuerdo con el cálculo preliminar, cerca de 200 locales de los más de 10 mil establecimientos entre fijos, semifijos y ambulantes de venta de artesanías, carrizo, cestas tejidas, huaraches, aves de corral fueron consumidos por el fuego. Y así, consumido por el fuego se fue un cachito de la Central, que descrita por la artista María Esther León, “es un lugar de experiencias primitivas o primeras. De amor feroz que te arranca el corazón y se lo come. De trajes de 15 años para fiestas inolvidables donde el vestido no cubría los zapatos y se rompió ligeramente por todo el costado a mitad de la fiesta porque era una chingadera pero estaba la piedra para el chingadazo y la vida continúa”.