La muerte de Amado Nervo

“Más vale errar creyendo, que errar dudando”

En el momento de su muerte, el 24 de mayo de 1919, Amado Nervo era una celebridad en el mundo de la literatura hispana. Sus ecos resonaban lo mismo en Madrid que en México  y Sudamérica. Una falla renal truncó su vida a los 48 años, no muchos, en realidad, pero su vasta obra habla de la pasión por la escritura que ejerció hasta el último de sus días.

Amado Nervo nació en Tepic cuando aún no era capital del estado de Nayarit, sino simplemente un distrito militar. Aunque todo mundo cree que Amado Nervo es un seudónimo, lo cierto es que en la misma pila del bautismo, el padre del poeta, de nombre Amado Ruiz de Nervo, decidió simplificar el apellido de su hijo. El autor mexicano reconoció muchas veces que  la sonoridad de su nombre contribuyó en mucho a su éxito literario.

El Modernismo (una revitalización del Romanticismo ya en decadencia, pero más rebelde y cosmopolita) fue el primer movimiento originado en América que impactó en la literatura mundial. Amado Nervo compartió así reflectores con poetas hispanoamericanos como Salvador Díaz Mirón, Leopoldo Lugones, Manuel Gutiérrez Nájera, Asunción Silva, Juan Ramón Jiménez, José Martí y el líder indiscutible del movimiento Rubén Darío, quien lo llamó “el fraile de los suspiros, celeste anacoreta”. Todos ellos, a pesar de la distancia, mantenían una feliz comunicación a través de publicaciones y cartas contribuyendo cada uno de ellos a la popularidad de los otros, hasta que Enrique González Martínez, el último de los modernistas le torció el cuello al cisne.

Bastante se ha dicho que la muerte signó la sensibilidad del poeta. Tres muertes se sabe que fueron de lo más trascendental en su vida: la de su padre siendo un niño,  el suicidio de su hermano Luis (también fue poeta), y la muerte de Ana Cecilia Luisa Dailliez a quien unos llaman su esposa y otros se refieren a ella simplemente como “el amor de su vida”, ya que la pareja guardaba una relación extremadamente discreta. Es a ella a quien escribe el poema “La amada inmóvil”, una de sus obras más reconocidas, compuesta ante el cadáver de la mujer “Perdida -¿para siempre?-/ el 7 de enero de 1912”. Se dice que era habitual ver al poeta pasear junto al río Manzanares (Madrid), desde donde se veía la tumba de su amada.

Además de la poesía, Amado Nervo cultivó la novela y el ensayo (fue uno de los primeros intelectuales en hacer un estudio serio sobre Sor Juana Inés de la Cruz). Por supuesto no debemos olvidar su amplia producción periodística. En 1905 inició su carrera diplomática en Madrid que alcanzó su punto culminante cuando fue nombrado como Ministro Plenipotenciario para Argentina y Uruguay. En Montevideo le sorprendió la muerte y ahí recibió los honores de una multitud congregada en torno de su obra poética, antes de que su cuerpo fuera trasladado a la Ciudad de México donde reposa en la ahora rotonda de las personas ilustres.

Uno de sus poemas más celebres reza:

“Amé, fui amado, al sol acarició mi faz. / ¡Vida, nada me debes! ¡Vida estamos en paz!”