Humor en la pandemia, intento de reconciliación con la realidad: Villoro, Ruisánchez y Bravo Varela

“Los momentos de humor se tonifican con las crisis y los seres humanos hacemos chistes porque odiamos la realidad que tenemos” sostiene el escritor Juan Villoro. Confirma que esta es una precondición para hacer chistes, por eso los cómicos están inconformes con el mundo y para sobrellevar su realidad cuentan chistes. El autor de Los culpables y Palmeras de la brisa rápida, entre otros títulos publicados por Almadía, está a cuadro frente a uno de sus libreros, se conectó para participar en esta charla titulada El humor en la crisis, que forma parte del Feria Dependientes de Lectores en apoyo a tres sellos: Era, Almadía y Sexto Piso.

En la pantalla que se divide en cuatro ventanas sonríen a sus respectivas cámaras en sus dispositivos otros dos escritores: Juan Ramón Ruisánchez y Hernán Bravo Varela, así como la moderadora, la historiadora de arte Veka Duncan, quien lleva el hilo conductor en esta conversación que se transmitió en vivo vía streaming.

Este ha sido el formato del encuentro que apoya a la campaña ‘Dependientes de Lectores’  que lanzaron las tres editoriales y a la que se han sumado escritoras, escritores, poetas, cantantes, artistas y lectores de diversas latitudes; la finalidad es que estos sellos no desaparezcan ante las condiciones económicas derivadas de la pandemia por el COVID-19.

Desde los sitios en los que se encuentran, los escritores coincidieron en que ante el  desacuerdo con el mundo el ser humano acude al humor para sobrellevarlo: “El humor nos permite una reconciliación crítica, aludo a que las cosas que no soportamos se vuelven llevaderas a través del humor sin que nos dejen de parecer absurdas, lo cual nos reconcilia con una realidad,” comentó Villoro.

José Ramón Ruisánchez comenzó su participación, con humor, y sin tapujos expresó: “Yo odio mi siglo. Me he puesto a leer diccionarios buscando momentos humor y hay algo bonito en ello. Melchor Ocampo escribió Idiotismos hispano-mexicanos, sobre cómo hablaban los mexicanos en 1844, momento desgraciado, por el dominio y los caprichos de Santa Anna. Él tenía comunicación con las aves y determinaba así su coeficiente intelectual... Lo que nos da la crisis es un marco para buscar y encontrar textos literarios que no sabíamos que eran literarios. La crisis nos permite buscar humor en los archivos y leer documentos raros”.

A propósito de la mención de Ruisánchez a Melchor Ocampo, Juan Villoro agregó que su epístola es un monumento al ridículo: “hace una serie de caracterizaciones antediluvianas, pero lo más curioso es que después de escribir la epístola tomó la precaución de no casarse nunca. Esa famosa epístola es un performance del humor extraordinario”.

Hernán Bravo Varela habló de la mudanza de humores. “Nuestro día a día es estar confinados en las cuatro o tres paredes y lo que ocurre dentro de ellas es un microclima. Vamos en minutos de un humor flemático a colérico, de lo melancólico que trae lavar los platos al devorar los contenidos de la alacena y en marco de todo eso la literatura apela críticamente a la realidad, tratando de reconciliarse con ella y esto no puede generar más que un maravilloso absurdo”.

En ese sentido, afirmó que ahora se está llevando a cabo un laboratorio del humor social. Calificó de estremecedor cómo en el marco de sacar la casta, el humor termina siendo un arma contra la oficialidad de los dictámenes médicos y de la ideología práctica o no, del gobierno en turno, de las poses en la radio, la televisión y los libros. “Estamos observando la inmensa verosimilitud y escalofriante literalidad de ese humor que es reconciliarnos con el absurdo, el cual  dejábamos a un lado en el momento privilegiado del abandono de la razón”.

Reconciliarnos con la realidad que odiamos

Juan Villoro está cierto de que el humor es como la pólvora y que sus resultados dependen de cómo lo utilicen: “Puedes adornar la realidad o hacer que estalle. El humor es disruptivo. Es profundamente incidente y radical. La política no siempre admite el humor, hay un factor rebelde en él. Otra variante de los usos de la pólvora que puede tener el humor no necesariamente tiene que ver con estar de acuerdo con la realidad y reconciliarse con ella. Y el absurdo viene de crear realidades alternas a partir de humor. El absurdo es la terapia del deprimido”.

José Ramón Ruisánchez considera que el chiste que se burla de sí mismo y al hacerlo permite controlar un mal, una tristeza o una magia. Para él, uno de los grandes géneros ensayísticos del siglo 21 es el stand up, como un vehículo que invita a la risa más reflexiva, más apegado al psicoanálisis, un compartir con el público lo que uno hace mal.

El humor involuntario y las comunidades instantáneas del meme

Ruisánchez se considera, en la teoría de los humores, que cae en ser un hater hardcore. Para él los memes tienen un uso para crear comunidades: “Si el humor es la inteligencia de la inteligencia, el meme es una posibilidad de pintar para los que no pintamos, de hacer chistes para los que no tienen la inteligencia para hacerlos. El meme, al compartirse crea comunidades instantáneas que desaparecen muy rápidamente en torno suyo. En este instante el meme tiene una importancia, no soy un hater de todo, ni desprecio su importancia, y creo que en este instante el meme tiene una importancia: en lugar de tomar un trago juntos podemos mandarnos un meme, el cual es una molécula de sociabilidad elemental”, a lo que Villoro agregó que es una entidad cuántica.

El chiste machista y racista

Como cualquier transmisión en vivo, admite los comentarios de los espectadores, una de las mujeres que estaba viendo la charla preguntó sobre el chiste machista y racista, a lo que Juan Villoro contestó que una de las características más acentuadas en México, al respecto, son los albures.

“Se ha dicho que son un juego de ingenio, pero soy enemigo de ello. Lo que está de fondo en la lógica del albur es la dominación sexual: ‘quién es más macho, quién se cogió a quien’. Esas situaciones hablan de una limitación psicológica tremenda y de un complejo ante la vida y el erotismo, lamentable”.

Aseguró que el machismo no solo ha producido esos chistes sino que los ha entronizado como una entronización popular: “decir hoy en día un albur es un acto reaccionario reprobable. En el stand up es importante tomar en cuenta que hay muchas formas de ejercerlo, lo más fácil es encontrar un blanco obvio y empezar a burlarse de ello, sin que eso aporte nada nuevo a la realidad, como el humor fácil del autodesprecio”.

En la charla también abordaron otros aspectos del humor, como el cartón político. En ese tema el mismo Villoro agregó que la política tiene clientes favorecidos: “lo vemos con los caricaturistas, el humor que tiene con la política es una risa fácil... al hacer chistes sobre el destino absurdo de la vida se alcanza la condición de ensayista, se explora el humor y la inteligencia. En ese sentido, Augusto Monterroso decía que el verdadero papel del humorista era hacer pensar, y algunas veces: hacer reír. Y así tiene que ser el humor, disruptivo y si se afilia a un cánon disruptivo pierde toda condición si tiene que menospreciar a la mujer”.

Los tres autores coincidieron también en que esta crisis se carece de un afuera, porque no hay a donde escapar. Hernán Bravo afirmó que la comedia es: tragedia más tiempo. Villoro mencionó que la catarsis requiere de presencia y complejidad, de rito. Y ahora que no hay actos de presencia, la sociedad padece de ritos ante la pandemia.

“Hace falta la comunión en el teatro o en el stand up comedy” coincidieron. Así que una de las lecciones del encierro es que no atesoramos tanto la presencia y en ella el tema de la catarsis es importante. Hay que pensar también en los límites del humor, desde en hasta donde llegan y hasta dónde podemos ejercerlo. El chiste siempre oscila en una cuerda floja, en el que la satisfacción de lo que se dice debe ser superior al agravio o problema que lo justifica. Si no, el chiste se convierte en un abuso. Los límites del humor me parecen necesarios”.

Finalmente, Villoro recomendó que el humor, al ser uno de los explosivos más delicados debe dosificarse, si no, explota en manos de quien lo produce y lo destruye.