El reto de producir maíz en tiempos de COVID-19

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Desde hace 20 años Isabel no recuerda que la hectárea de tierra que trabaja con su esposo Felipe haya producido mil 500 kilos de maíz en un sólo ciclo agrícola. El 2018 fue el último año en el que consiguieron mil kilogramos.

La sequía hizo que su tierra de temporal disminuyera desde hace dos años a una tercera parte del rendimiento óptimo y sólo alcanzaron a cosechar 500 kilogramos de maíz amarillo y blanco que a Isabel le sirven para elaborar tostadas que comercializa en la localidad de Zimatlán de Álvarez, en Valles Centrales.

“Ahorita estoy comprando porque no es suficiente maíz”, expresa sin desanimarse una productora que a la semana amasa 50 kilos de maíz nixtamalizado y que con los efectos de la contingencia por COVID-19 ha visto cómo el kilo de este grano se incrementó aproximadamente un 25 por ciento.

Para que el maíz que cosechó entre noviembre y enero pasado no se le acabe, de su granero saca poquito que combina con el que compra y traen del estado de Sinaloa, el cual antes de la contingencia costaba 8 pesos y ahora 10 pesos el kilo.

Autoconsumo

De lunes a miércoles, Isabel elabora 50 tostadas diarias que comercializa en 50 pesos a las personas y que entrega en Zimatlán: “de ahí comemos”, porque al cancelarse el tianguis ya no acude a ayudar a una vendedora de frutas que le pagaba cien pesos por día y “me llenaba una caja con fruta”.

Alejada del pesimismo o desánimo, Isabel habla con una alegría de “una mil usos” que lo mismo hace la comida, asea la casa, echa tortillas en el comal, lava ropa o se va al campo porque ahí nació y aprendió a caminar.

“Nací campesina, mis padres fueron campesinos y mi esposo también. Yo nací en la tierra, sembrando maíz”, y al decirlo sonríe con la satisfacción de hacer lo que le gusta.

Indicó que como ya está lloviendo “ya queremos sembrar, lo primerito mi maíz y frijol, para que no lo compre”, porque en la cosecha pasada de ese segundo grano sólo obtuvo 12 kilos.

Ni a ella ni a su esposo los ha alejado del campo la contingencia por COVID-19, acuden diario: “somos solitos” y refiere que aunque quisieran cosechar en abundancia, se ajustan a lo que la tierra les da porque no hay posibilidades de perforar un pozo y se sujetan al agua de lluvia, pero sobre todo “a lo que Diosito permita”, apunta.