Las primeras luchadoras en Oaxaca

La lucha libre femenil inició en el estado de Oaxaca en 1980 cuando surgen las primeras luchadoras y los primeros gimnasios que aceptan a las damas para este rudo deporte, mismas que demostraron calidad, trabajo, esfuerzo y disciplina arriba de los encordados.

Uno de esos gimnasio fue el que se ubicaba en las últimas calles de Rayón, en la casa de Víctor Manuel mejor conocido como “El Cardenal” q.e.p.d., otro se ubicaba en la colonia Volcanes, en la casa de Julio Gómez López “Relámpago Gómez”, “La Arena Revolución” y el ubicado en el Ex Marquezado el cual era de “El Tétrico”.

La primer luchadora fue precisamente la hija de “El Relámpago Gómez”.

Octavio López, ex luchador profesional, mencionó que “la primera dinastía en surgir en la lucha libre femenil fue la Gómez, de ahí llegaron otras muchachitas a entrenar, algunas de ellas empezaron a luchar como: “La Mujer Araña”, “Perla Negra”, “La Sirenita”, “La Tigresa”, “Magna Lay”, así como Rosario, Marina, Martha, Irma, Flor, Inés y Rosalía; ellas de 1980 hasta 1988 iniciaron en la lucha libre, la cual fue una época muy bonita”.

Aseguró que en esa época no se tuvo ninguna campeona, “fue hasta hace poco que surgió el Campeonato Femenil de Lucha Libre de la Arena Mastín, pero en aquellos años no hubo ningún cinturón de este tipo, pero sí se reconocían a las mejores luchadoras”.

Las arenas que albergaban a dichas luchadoras era la San Francisco que la regenteaba Melitón Luna Jacinto; la Arena Revolución de Julio “Relámpago” Gómez, la Azteca de “El Ángel Nazi” q.e.p.d., “también fueron a luchar a San Juan Bautista Valle Nacional, San José Chiltepec, Salina Cruz, la villa de Etla, Zimatlán de Álvarez, Ocotlán de Morelos, entre otros pueblos de la entidad oaxaqueña, así como adornaban las fiestas de los barrios de la capital oaxaqueña”.

Las luchadoras se han caracterizado en ser el atractivo de la lucha libre, “han tenido la facultad de llamar la atención para el género o las personas que van a ver la función, donde han demostrado la capacidad que tienen para realizar los mismos vuelos y evoluciones que los hombres, es cosa de que estén metidas en el gimnasio, porque  aquella mujer que se mete en el gimnasio puede hacer los mismos movimientos que hacen los hombres, más que nada porque es gimnasia, no hay nada que se les prohíba, que se les dificulte, porque ellas tienen el cuerpo más elástico que el varón y por lo tanto sus evoluciones tienen que ser más vistosas”.

Recordó que en aquella década hubo rudas de antología entre ellas “La Tigresa”, “La Mujer Araña”, “las cuales eran muy populares, demasiado rudas, así como los hombres, así como había científicas que sobresalían como “Magna Lay” que tenía lucha aérea, caminaba sobre las cuerdas, hacía lances que a veces no se esperaba que hicieran las mujeres, ellas fueron las pioneras de ciertos lances y de ciertos movimientos que superaron, cuando estaba en pañales la lucha femenil, pues eran novedad”.

Al contraer matrimonio, sufrir lesiones por lo rudo de este deporte muchas de ellas se retiraron, “algunas de ellas al no tener más rivales para enfrentarse, también se retiraron, así como las que les hacían caso a sus familiares de que ya no expusieran sus vidas o quedaran tullidas o paralíticas y les hicieron caso por fortuna, por ese motivo, muchas dejaron de luchar”.

Las pocas luchadoras que habían se enfrentaban entre ellas al pertenecer a diferentes gimnasios, “pero cuando salían afuera a veces los empresarios llevaban a luchadoras de otros estados o de la Ciudad de México, y se hacían luchas combinadas y ellas nunca defraudaron ni  a los empresarios pero sobre todo al público”.

Aseguró que  nunca se registraron accidentes fuertes dentro del encordado, “siempre se cuidaba y protegía a las luchadoras, desde el gimnasio para que sus movimientos fueran los más perfectos posible y lo menos riesgosos, eso era lo que se les enseñaba, al igual que la lucha varonil, donde se tiene que hacer un movimiento 40 o 100 veces, para que cuando estén en el ring todo salga bien, porque la lucha libre no es cuestión de hacer un lance o un movimiento al ahí se va, por lo que se les inculcó bien a las damas para que dieran un buen espectáculo y que también cuidaran su integridad”.