Viven incertidumbre los pobladores de Magdalena Apasco

A la mayoría de habitantes de Magdalena Apasco, Etla, a 24 kilómetros de la Ciudad de Oaxaca, le parecía lejano que una pandemia que a finales de 2019 surgió en Wuhan, China, llegara a esta población de 8 mil personas, hasta que la confirmación de un primer caso positivo de COVID-19 en la población hizo que la autoridad cerrara 20 de sus 23 accesos.

El cerco sanitario, es limitado. El parque industrial sigue funcionando.

Las mil 800 personas contratadas por una treintena de empresas se deben presentar a trabajar.

El presidente municipal de Magdalena, Jesús Santiago Santiago, cree que solamente cuando las autoridades sanitarias informen que México pasó del escenario dos (dispersión comunitaria con cientos de casos de COVID-19) al tres (epidémico con miles de casos) se tendrán que tomar medidas más rigurosas.

No todos acatan medidas

"Es complicado lidear con la idiosincrasia de la gente", admite una autoridad que estima que el 85 por ciento de las y los pobladores ahora se queda en casa, el resto "por necesidad tiene que salir".

Desde el viernes pasado se rumoró en la población que un habitante que regresó de un encuentro religioso en la Ciudad de México enfermó de COVID-19.

Sin hacer referencia al caso, un comunicado de la presidencia municipal de Magdalena infirmaba de un cerco sanitario.

"Se está tratando de concientizar a las personas a que respeten las medidas de prevención y desde que nos enteramos de este primer caso en la población presentamos un plan más estricto para que permanezcan resguardados en su casa", por lo que se suspendieron fiestas, reuniones y eventos privados, así como cerrar la mayoría de bares.

Más tranquilidad que la normal

En una población rural que se le distingue por el trabajo de labrar la cantera y lo que producen sus tierras, la quietud impuesta es relativamente normal, pero para Martha Arango es como si el miedo a contagiarse de COVID-19 les restara la libertad de moverse libremente y ahora "tener que andarnos cuidando del virus", sobre todo quedándose en casa y extremando medidas de higiene.

De los pocos comercios en pequeño, sólo algunos cerraron sus puertas.

En cuanto Alma se enteró que los rumores de una persona contagiada en la población eran mas fuertes, cerró el cancel de acceso a su farmacia y pegó en el vidrio una cartulina con una flecha que explicaba que atiende desde la ventana.

Que el local esté dentro de su casa le facilita mantener abierta su farmacia que ya resiente una disminución en el 50 por ciento de sus ventas porque la gente sale menos y el paracetamol en jarabe, jabón líquido, cubrebocas, gel antibacterial y alcochol ya se agotó.

Ninguna farmacia o tienda de abarrotes lo tiene y no se sabe cuándo le van a volver a surtir sus proveedores.

Además de atender su farmacia, Alma esta a cargo de su padre Raymundo de 90 años, su mamá Concepción de 87 y su tía Soledad de 86.

Aunque las preguntas de sus clientes sobre la veracidad del caso de COVID-19 en un pastor de la población sea cierta, pero lo peor sería no tomar las medidas de prevención que por la mañana y tarde se repiten desde un altavoz.