EL LECTOR FURTIVO| El teatro de Octavio Paz

Corrían los años 90; la editorial Alianza Cien anunciaba un ambicioso proyecto de fomento a la lectura y publicaba pequeños libros con un precio verdaderamente asequible, cinco pesos  de aquel entonces, ofreciendo textos completos impresos en pequeño formato, bastante bonitos y muy bien editados. Entre esos títulos destaca el que hoy 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, tengo en mi mano.

La hija de Rappaccini es la única obra de teatro escrita por Octavio Paz. El poeta mexicano creó esta peculiar obra de teatro basada en un cuento del autor norteamericano Nathaniel Hawthorne.

Juan, un joven estudiante napolitano, llega a la ciudad de Padua y se hospeda en una casa que tiene vista a un hermoso jardín perteneciente a la casa vecina donde habita el doctor Rappaccini con su hija, Beatriz. Juan queda fascinado por este jardín y por la hermosa joven que ahí pasea. Por supuesto, el joven estudiante queda prendado de ella y es correspondido, pero su impulso amoroso se verá detenido porque el enamorado es informado que el jardín es en realidad el campo en el cual todos los venenos del mundo son desarrollados por el extraño doctor.

Baglioni, uno de los personajes de la obra, dice: “Rappaccini es un envenenador y su fatal manía lo ha llevado a una acción execrable: ha convertido a su propia hija en un frasco de ponzoña”. De manera que la chica es un veneno ambulante que mata cuanto ser vivo toma contacto con ella. Esta revelación sella el destino trágico de los amantes y del mismo doctor Rappaccini.

En  los muchos años que han pasado desde su estreno, en realidad pocos directores y actores se animan a montar La hija de Rapaccini, ya que sobre ella está prejuicio de que la acción dramática está supeditada al impulso poético de su autor. A contrapelo de esta opinión, Paz afirma en una entrevista a Gonzalo Valdés Medellín que “El gran teatro es aquel en el que la acción dramática y el texto están fundidos. Cuando el texto se sobrepone a la acción, se ofrece una limitante”, es decir, el poeta está completamente consciente de que en el teatro la acción no puede estar supeditada al texto, aunque sí exige “el respeto vivo” - dice él-  “al texto vivo”.

El Premio Nobel de México no desconoce el teatro, recordemos que las intenciones dramáticas o escénicas de Octavio Paz tienen raíz en una iniciativa cultural que fue de lo más relevante y que llevaba por nombre Poesía en Voz Alta. Este proyecto conjuntó los talentos, no sólo de escritores, sino también de artistas plásticos, músicos y artistas escénicos (actores y bailarines).  La sede para esta maravilla fue la Casa del Lago y los programas se llevaron a cabo durante los años 1956 y 1963.

Paz, como uno de los directores de Poesía en Voz Alta, buscaba la experiencia artística total. Esto pone en duda el mito de Octavio Paz como creador solitario. La misma antología de Poesía en movimiento y después la fundación de Grupo Vuelta, nos da más bien la idea de un hombre pragmático que sabía conducir ambiciosos proyectos con equipos talentosos, porque el teatro no es sino un arte colectivo, aunque se escriba en solitario.

rafaelalfonsomx@gmail.com